El conocimiento secreto de la mente

mente-cuerpo-descartesDice Descartes que cuando la mente mira por todas partes para aumentar su conocimiento:

“Encuentra en sí misma ideas de muchas cosas, y mientras se limite a contemplarlas, sin afirmar ni negar que fuera de sí haya algo semejante a ellas, no puede equivocarse” (Punto 13).

Evidentemente que no puede equivocarse. Pero tampoco puede acertar.


[Escrito en 1990]

2019: supongo que se podría decir que aquí Descartes aplica de manera implícita un concepto de verdad semejante a Tarsky:

“La hierba es verde” es verdadero si la hierba es verde.

Es decir que la verdad de una afirmación o hipótesis que hacemos acerca del mundo se pone a prueba mediante la observación de ese mundo. Afirmamos “La hierba es verde”… y luego miramos si la hierba es efectivamente verde.

La diferencia, claro, es que aquí Descartes aplica ese concepto de verdad no al mundo exterior sino a la propia mente. Es decir, el sujeto observa los contenidos de su conciencia, es decir las ideas que están en su mente, de manera semejante a como las Ideas están en el Mundo de los Arquetipos de Platón. Y mientras se limite a contemplar esas ideas no pasa nada, pero si pretende aplicar un concepto de verdad como el de Tarsky o el de Aquino, que está obviamente más cercano a Descartes (“Veritas est adaequatio rei et intelectus”/ “La verdad es la adecuación entre el entendimiento y la cosa”), entonces surgen los problemas. Es fácil, parece querer decirnos, contemplar las ideas, pero no es tan fácil explicarlas o hablar de ellas. ESo es fuente de errores.

El comentario que hice (“Evidentemente que no puede equivocarse. Pero tampoco puede acertar”) está motivado porque Descartes parece dar por supuesto que hay una cierta verdad en la contemplación de las ideas, siempre y cuando no se intente afirmar o negar que esas ideas se correspondan con algo que exista en el mundo externo. Es decir que mientras no afirme algo acerca de las ideas la mente “acierta”. Pero eso es discutible desde muchos puntos de vista. Diré uno solo de ellos.

Descartes da por supuesto que en la contemplación de las ideas no hay teoría, que la mente simplemente contempla, sin necesitar unos parámetros que permitan esa contemplación (por ejemplo los universales de Kant o las categorías de Aristóteles). Pero del mismo modo que cualquier observación del mundo exterior tiene algo de “teorización” (ya sea la que nos impone la biología o ya la que nos impone el conocimiento y el aprendizaje), no hay ninguna razón que lo mismo sucederá con esas ideas que contemplamos en nuestro mundo interior, en nuestra mente.

Obviamente, Descartes diría simplemente que no, que esas ideas son innatas y han sido puestas ahí por Dios, pero aunque él seguramente se vio forzado por las circunstancias o por el capricho de una credulidad ya absurda en un filósofo de su época a considerar esa hipótesis divina, nosotros no tenemos ninguna necesidad de ella. Podemos, en consecuencia, examinar la hipotética existencia de esas ideas presentes en la mente (que los modernos avances en neurología y resonancias cerebrales nos están permitiendo contemplar) desde un punto de vista semejante al de Tarsky y su concepción de la verdad.


Descartes

Descartes

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¿La idea de Dios demuestra la existencia de Dios?

Dice Descartes:

“En qué sentido el conocimiento de las otras cosas depende del conocimiento de Dios” (Principios de filosofía, punto 13).

Añade:

“Al percibir que en la idea de ente absolutamente perfecto se contiene la existencia necesaria y eterna, debe concluirse que el ente absolutamente perfecto existe” (Punto 14).

Luego dice:

“Considerando [el que reflexiona] que entre las diversas ideas que tiene en sí, hay una de ente absolutamente poderoso, absolutamente inteligente y absolutamente perfecto, la cual es con mucho la principal de todas, reconoce en ella la existencia, no sólo la posible y contingente, sino la absolutamente necesaria y eterna”.

Y en el título de este punto 14:

“A partir de que la existencia necesaria se contiene en nuestro concepto de Dios, se concluye rectamente que Dios existe.”

¡En fin! No voy a discutir otra vez el argumento ontológico, pero no creo que esta idea sea innata, ni siquiera común a todos los seres humanos. Los creyentes en el politeísmo, por ejemplo, no parecen tener tan claro ese concepto de Dios.

Me sorprende, insisto, la incoherencia de Descartes, que inicia sus libros con elogios a la duda y la honestidad y, al llegar a Dios, utiliza argumentos tan falaces como este.

Deus é apenas uma ideia [1]

Por otro lado, se supone, según el argumento de Descartes, que Dios ha puesto esa idea (la idea de Dios) en nuestro cerebro.

Si Dios no hubiese puesto esa idea en nuestro cerebro, o si no existiese Dios, ¿podríamos tener esa idea de Dios en nuestro cerebro?

En mi opinión es evidente que se pueda tener esa idea exista o no exista Dios.

[NOTA 1996: Un creyente a lo mejor diría que lo anterior es una petición de principio: si no existiera Dios no podríamos tener esa idea, ni ninguna otra, porque nosotros no podríamos existir].

Es más, resultaría bastante ilógico que, pudiendo tener la idea de perfección (idea fácil de obtener mediante la comparación de unas cosas con otras) no se tuviese la de Ser Perfecto.

Quizá alguien opina que una cosa es poder tener la idea de Ser Perfecto y otra muy distinta que tal idea sea innata. Pero que tal idea sea innata a la especie humana no me resulta nada evidente. Examinando mi propio caso, he de decir que nunca la he tenido.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Descartes

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¿Conocemos antes la mente que el cuerpo?

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Descartes dice en Principios de filosofía:

“Por qué nuestra mente es más conocida que el cuerpo.
(Punto 11)”

Descartes, en consecuencia, considera que conocemos antes nuestra mente que nuestro cuerpo.

Sin embargo, yo no estoy muy seguro de eso, pues los niños, me parece, conocen antes su cuerpo que su mente. Lo conocen gracias a a su mente, pero de ésta no tienen verdadera conciencia. Uno primero conoce su cuerpo y aprende a manejarse con él. Es sólo más tarde cuando se da cuenta de que tiene una mente.

 

NOTA 1996
Curiosa manera de conocer una mente de la que ni siquiera tenemos claro donde se encuentra: en Grecia se discutía si la mente o el alma tenía su sede en la cabeza o en el corazón, por ejemplo, o en ninguna parte del cuerpo o en todo él.


 [Los  principios de  la filosofía, de Descartes]

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Descartes

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