Razón y sentidos en Demócrito

Democritus2Se da en los pensadores presocráticos, dice un libro de texto, una creciente desconfianza hacia el papel jugado por los sentidos en el conocimiento de la realidad, que se convierte en desprecio hacia los sentidos en favor de la razón, sin comprender lo que tan lúcidamente expresa Demócrito en aquel pasaje en que se enfrentan la razón y los sentidos, y estos concluyen:

“Oh, mísera razón, que tomas de nosotros tus certezas! ¿Tratas de destruirnos? Nuestra caída, sin duda, será tu propia destrucción”

**********
(Fragmento del texto: “Razón y sentidos. La mala fortuna de Demócrito”, de 1987)

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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Llega, por fin, el momento de averiguar qué es la felicidad. Ello puede lograrse examinando cuál es la función propia del hombre, “pues parece que lo bueno y el bien están en la función”. Aristóteles constata, en efecto, que cada ser y cada actividad tienen una función que les es propia y en cuyo cumplimiento se realizan y cumplen su especificidad.

La función del hombre no puede ser la vida vegetativa, el vivir sin más, pues este tipo de vida es común a las plantas (( “El vivir, en efecto, parece también común a las plantas, y aquí buscamos lo propio [del hombre] (1097b,30)).

Tampoco la vida sensitiva, que comparten los animales (( “Seguiría después la sensitiva, pero parece que también ésta es común al caballo, al buey y a todos los animales” (1098a,1-5).))

La función del hombre parece ser la vida intelectiva ((“Resta, pues, cierta actividad propia del ente que tiene razón” (10989a,1-5). )) , de ahí que propio del hombre será una actividad del alma según la razón (( “Si, entonces, la función propia del hombre es una actividad según la razón, o que implica la razón…” (1098a,5-10). )) .

En conclusión: la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud (( “Resulta que el bien del hombre es una actividad del alma de acuerdo con la virtud” (1098a,15-20).)). Parece haberse dado aquí un paso ilegítimo desde la noción de función a la de virtud, pero hay que hacer notar que virtud no ha de entenderse, en esta ocasión, en el sentido que opone este término a vicio, tal como se usa en la ética estoica y en la cristiana, y tal como el propio Aristóteles parece emplearla a lo largo de varios libros de la Ética, aquellos en los que examina las virtudes éticas y sus contrarios.

Aquí, como el contexto indica claramente, y como señalan los estudiosos de la ética aristotélica, virtud ha de entenderse en el sentido de excelencia, de lo que hoy llamamos virtuosismo (( Así lo hacen los comentaristas de la versión de Gredos, y así lo hace Jesús Mosterín en su libro dedicado a Aristóteles de su Historia de la Filosofía.)). Un citarista virtuoso será aquél que no sólo toque la cítara (función propia de su oficio) sino que además lo haga de un modo excelente.

Así, pues, el hombre virtuoso en lo absoluto, y no en una actividad particular, será el que realice de un modo excelente la función propia del ser humano que, como ya hemos visto, es la de vivir conforme y guiado por la razón, por la vida intelectiva. Parece fácil, sin embargo, aventurar que el hombre particular que cumpla de modo excelente la función propia del hombre en tanto que hombre, se alejará de manera necesaria del vicio, en tanto que éste parece oponerse a la razón. Pero lo hará de un modo sobrevenido, no aplicando una especie de virtud cuya función principal es la de negar el vicio y ser su opuesto, tal como admiten otros planteamientos éticos, que incluso pueden concebir que un hombre sea virtuoso no por atenerse a la razón, sino por seguir preceptos externos ((Así se encuentra en Séneca, por ejemplo)).

 
***

ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES

2.6 Pensamiento, palabra y acción

Hay un asunto que interesa de manera muy especial a Demócrito, pero que Aristóteles apenas examina directamente en la Ética a Nicóma

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

Llegamos con esto a la cuestión que tanto preocupaba a Aristóteles: si el hombre aspira a la felicidad debido a la naturaleza, al azar

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1.9 La felicidad en la adversidad

Por último, Aristóteles expone de nuevo la cuestión de los bienes exteriores, pero esta vez para analizar sus consecuencias. Si es ci

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1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

Vuelve con esto Aristóteles a una pregunta que se hacía al principio y a la que no me he referido en su momento (para poder hacerlo aq

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1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

Una vez alcanzado este punto, se pueden comparar los diversos bienes que puede obtener el hombre: exteriores, del cuerpo y del alma[1].P

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1.5 La felicidad es un fin perfecto

Tras el examen de las diversas soluciones propuestas, Aristóteles retorna a la noción de bien y señala que el bien no es sino “aque

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1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

Examina ahora Aristóteles otra forma de abordar la cuestión del bien supremo, la de su maestro Platón. Aquí se halla aquella célebre op

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1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

Aristóteles constata, en primer lugar, que toda actividad humana tiene un fin, y considera que los bienes son precisamente aquello a lo q

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Introducción

[caption id="attachment_17427" align="alignleft" width="216"] Aristóteles[/caption] Se examina en este trabajo la ética de Aristóteles

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2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

Demócrito aborda una cuestión que Aristóteles no examina sino muy indirectamente (especialmente en el Libro I): la distinción misma

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

Llega, por fin, el momento de averiguar qué es la felicidad. Ello puede lograrse examinando cuál es la función propia del hombre, “

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La felicidad y los tres modos de vida

[ver 1.2] [Ética de Demócrito y Aristóteles 1.3] Al examinar la vida política, nos dice Aristóteles, vemos que su objetivo parec

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1.2 El bien supremo es la felicidad

Ahora bien, ¿cuál es la meta de la política y el bien supremo? Todos están de acuerdo en que es la felicidad[1]. Comienza, a partir de

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ÍNDICE

Introducción I. LA ÉTICA DE ARISTÓTELES 1. Bienes y fines. La política y el bien supremo 2. El bien supremo es la felicidad

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La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Ética de Demócrito y Aristóteles 2.2

Según Cicerón, la cuestión ética fundamental de la felicidad fue importantísima para Demócrito: “Demócrito descuidó sus biene

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2.1 La ética de Demócrito

El catálogo de las obras de Demócrito, enumera ocho tratados dedicados a la ética: “Pitágoras”, “Sobre la disposición de áni

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2.7 Conclusión

Sólo queda por comentar una cuestión que es tal vez la central en todo estudio de la ética aristotélica: el de su misma definición.

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2.3 Los bienes exteriores

Para Demócrito, “la felicidad o desgracia humana no puede depender del azar ni de los dioses (fr.691)”, algo que Aristóteles expresa d

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CUADERNO DE FILOSOFÍA

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Razón y emoción

¿Dónde está la frontera que separa la razón de la emoción? Los escritores africanos reivindican la emoción frente a la razón -dice Caranci-, acusando a los europeos de dar mas importancia a la razón.

Este reproche, por supuesto, notiene sentido más que en algún aspecto muy limitado, ya que los europeos a lo largo de su historia no se caracterizan precisamente por anteponer la razón a la emoción, sino más bien al contrario (como los propios africanos han tenido ocasión de comprobar).

¿Existe, pues, una frontera clara que separe la razón de la emoción?

¿Existe una frontera clara que separe el mytos del logos?  Yo no la veo.

*********

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Tal vez Caranci usa emoción como sinónimo de “sentimiento mágico de la existencia” y razón en el sentido de “ciencia”.

Demócrito, filósofo y detective

Cuando Watson conoce a Sherlock Holmes queda sorprendido por la amplitud de los intereses de su amigo y su aparente dispersión. En Estudio en escarlata se encuentra la célebre lista de las “áreas de conocimiento” de Holmes:

«1. Literatura… Cero.
2. Filosofía… Cero.
3. Astronomía… Cero.
4. Política… Ligeros.
5. Botánica… Desiguales. Al corriente sobre la belladona, opio y venenos en general. Ignora todo lo referente al cultivo práctico.
6. Geología… Conocimientos prácticos, pero limitados. Distingue de un golpe de vista la clase de tierras. Después de sus paseos me ha mostrado las salpicaduras que había en sus pantalones, indicándome, por su color y consistencia, en qué parte de Londres le habían saltado.
7. Química… Exactos, pero no sistemáticos.
8. Anatomía… Profundos.
9. Literatura sensacionalista… Inmensos. Parece conocer con todo detalle todos los crímenes perpetrados en un siglo.
10. Toca el violín.
11. Experto boxeador y esgrimidor de palo y espada.
12. Posee conocimientos prácticos de las leyes de Inglaterra».

Antes de que su amigo le revele la profesión que une todos estos intereses (“detective consultor”), Watson se muestra desesperanzado de encontrar la solución:

«Si el coordinar todos estos conocimientos y descubrir una profesión en la que se requieren todos ellos resulta el único modo de dar con la finalidad que este hombre busca, puedo desde ahora renunciar a mi propósito».

Sin embargo, podemos encontrar listas similares a la que ofrece  Watson en la agenda de un científico como Robert Hooke, el gran rival de Isaac Newton, que anotaba de manera incansable todo lo que se proponía investigar:

«El uso de un carruaje.
Los ojos de los cachorros de perro recién nacidos.
Las plumas, picos y uñas de las aves que aún no han roto el cascarón.
La pólvora, entera y molida.
Insectos y otras criaturas que parecen exánimes en invierno.
La serpiente de Moisés y el agua transmutada.
Que la belleza no hace a las partes, sino que resulta de ellas, así como la salud.
La armonía, la simetría.
Que las formas internas acaso no sean sino disposiciones duraderas forjadas por los objetos externos.
El barómetro sellado y las consecuencias de semejante aparato.
Monstruos, y los antojos y temores de las mujeres encinta.
La reparación torpe de muelles a martillazos.
Pinchar una burbuja en el cristal de un barómetro».

El impresionante dibujo de una pulga, que Robert Hooke hizo mientras el animal le chupaba la sangre.

No es difícil imaginar que algunas de estas cosas podrían resultar muy útiles en una investigación detectivesca, pero el aparente caos y dispersión de los intereses de Holmes y Hooke obedece también a un impulso irreprimible: la curiosidad. Los dos personajes coinciden en su afán por descubrir los secretos de la naturaleza, aunque Holmes delimita su campo de estudio un poco más que Hooke y parece conformarse con aquello que se relaciona  con la vida criminal. Los científicos también quieren resolver un misterio: el de la naturaleza.

Mosca dibujada por Robert Hooke

En realidad, tanto la curiosidad como esa caótica pluralidad de intereses es propia de los investigadores y filósofos de la naturaleza ya desde los tiempos de los pensadores presocráticos. Demócrito de Abdera no solo concibió el sistema atómico (o el molecular, según se interpreten sus «átomos»), sino que también estaba interesado por el origen de las palabras, por el movimiento de los planetas, por la causa de los colores y los sabores o por cuestiones relacionadas con la geometría, la física, el arte y la matemática. En su obsesión por descubrir misterios ocultos, abandonó todo lo que poseía, por lo que fue llevado a juicio, pero salió airoso al leer uno de sus tratados ante el tribunal.

Su actitud de ensimismamiento investigador, tal como la describe el poeta latino Horacio, nos recuerda inevitablemente a Sherlock Holmes: «Qué asombroso que el ganado entre en los campos de Demócrito y eche a perder la cosecha, mientras su alma, olvidándose del cuerpo, se va corriendo veloz».

Por otra parte, si Holmes «odiaba cualquier forma de vida social con toda la fuerza de su alma bohemia» y buscaba la soledad para entregarse a sus ensoñaciones o reflexiones, Demócrito, «para poder dejar un mayor espacio a su propia imaginación», solía pasar largos periodos de tiempo «en la soledad del desierto o entre las tumbas de los cementerios».

Además, el filósofo griego era capaz de hacer deducciones asombrosas, como cuando al tomar un vaso de leche dijo: «Esta leche ha sido ordeñada de una cabra negra y primeriza», cosa que se comprobó correcta. En otra ocasión saludó a una amiga del médico Hipócrates con la frase «buenos días, muchacha», y al día siguiente la saludó con un «buenos días, mujer»: la muchacha, nos dice el cronista, que no es otro que el propio Hipócrates, había tenido aquella noche su primera experiencia sexual.

Otro dibujo de Robert Hooke

En el primer caso, podemos imaginar una explicación holmesiana en la que lo asombroso acaba por resultar sencillo, como que en el vaso de leche había algún pelo de cabra negro y que la persona que había ordeñado al animal tenía la ropa manchada o rasguños en los brazos, lo que podía revelar que la cabra todavía no estaba acostumbrada a ser ordeñada. Tampoco resulta difícil imaginar algún detalle en la muchacha, en su actitud o en su atuendo que le revelase al filósofo la experiencia que había tenido aquella noche.

Por otra parte, se atribuían a Demócrito poderes adivinatorios, porque en sus viajes había estudiado con los magos persas y caldeos, pero nunca recurrió a lo sobrenatural en sus explicaciones y, como Holmes y los miembros de la Royal Society, siempre acababa revelando las observaciones que le habían llevado a sus conclusiones. Como el propio Demócrito escribió: «Prefiero descubrir una ley causal que convertirme en rey de los persas».

Demócrito cargando con algunos de sus escritos


Notanelemental-portada

Esta entrada es un fragmento de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, aunque he modificado algunos detalles.

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
A la venta en todo el mundo (Amazon, La FugitivaRafael Alberti, Laie…)


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La Revelación según Descartes

war of the gods

“Punto 25: Debemos creer todo lo que Dios ha revelado, aunque exceda nuestra capacidad”.

Y entonces habla Descartes, precisamente, del problema de la Trinidad, asunto al que me referí en un comentario anterior: ¿Cómo conocemos los atributos de Dios?

Al margen apunté:

“¿Y cómo sabemos qué Dios es el que nos revela todo esto? Quiero decir: ¿qué dios en concreto nos revela todo eso? ¿El Dios Yavhé del Antiguo Testamento, el dios Alah del Islam, el dios trino del cristianismo?

Y además: ¿cómo sabemos qué es lo que Dios nos ha revelado?

¿Y cómo sabemos si nos hallamos ante la dificultad de entender una revelación divina o, por el contrario, ante una simple invención humana que alguien atribuyó a Dios?

Esto es muy importante y es imprescindible que lo sepamos, pues, ¿debemos creer lo que nos revela Dios en la Biblia, en el Corán, en los Upanisads? ¿Qué texto es el texto de Dios? Si no sabemos cuál es el verdadero texto de la Revelación Divina, ¿cómo podemos saber en qué cosas “que excedan nuestra capacidad” debemos creer?

No olvidemos que, a pesar de todos los intentos de sincretismo recientes, la mayoría de estos textos abundan en opiniones enfrentadas (incluso se contradicen a menudo a sí mismos).


 

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Razón y oscurantismo

Hace unos días hablaba con NT, Jp y MT y me di cuenta de que me hallaba bastante solo en mi defensa de lo racional frente a lo irracional.

Jp es absolutamente creyente en todas esas cosas: astrología, telequinesis, telepatía, etc. Cuando le cité la frase de Chesterton:

“Hoy en día no es que la gente haya dejado de creer en Dios porque no cree en nada, es que cree en todo”, opinó que lo que yo consideraba defecto era virtud (creer en todo)”.

Pertenece, evidentemente, al grupo de los ‘creyentes científicos’, no al grupo de los simplemente irracionales.

Es decir: cree que muchas de esas cosas sobrenaturales serán probadas por la ciencia en un futuro.

Y yo me pregunto: ¿por qué a la gente parece interesarle tanto el que la ciencia pruebe que un señor puede torcer cucharas o mover una silla con la mente? ¿Por qué no les interesa que la ciencia resuelva los innumerables y fascinantes problemas acerca del hombre, de la tierra y del cosmos?, ¿por qué les interesa más que el ser humano sea capaz de torcer cubiertos que el que sea aparentemente incapaz de crear una sociedad justa?

Todo esto, lo digo sin fingimiento, me entristece mucho. No me gusta ir contracorriente, es la corriente la que viene contra mí. No logro entender por qué está tan extendido el oscurantismo. Ya sé aquello de los ‘fin de siglo’, la comparación con la sociedad en crisis de la Roma de los Césares, etcétera. Pero, ¿por qué?

Desde que la razón comenzó a ganar terreno a la credulidad -hace bien poco-, se han conseguido grandes cosas. Esta sociedad puede entrar en crisis, crisis de valores y todo lo demás, pero es, con todos sus defectos, mejor que muchas anteriores. En fin, parece que la gente sólo sabe creer, ya sea en la Revolución, ya en Satán o ya en la telequinesis.

Como dije al principio, cada vez me veo más aislado, más solo. NT, como me dijo IT, también, en efecto, cree en todas esas cosas (¡ella que estudia algo tan fascinante como es la arqueología!). MT no lo sé. No sé hasta dónde su tibia defensa de la astrología es una provocación, pero me parece que de una u otra manera, y aunque sea poco, cree.

IT, aunque con mucho juego intelectual, también; AC mucho más que él.
¿Y CM? Algunos detalles me hacen suponer que, medio en broma medio en serio, cree, aunque le da verguenza confesármelo. Mg, FN, IM, TF,, JA ¿JT?¡Todos!
Aparte de algún famoso antioscurantista (Gardner, Popper, Savater), ¿quién me queda cerca?

Creo que sólo VG. ¿Habrá sido su influencia, su materialismo estricto -que yo comparto- lo que me habrá llevado a confiar tan sólo en la razón?

Pero, espera, ¿puedo estar seguro de que VG no cree en algo irracional? Intentaré averiguarlo.

Admito que muchos de estos temas son interesantes (Saint Germain, Cagliostro…), pero lo que me preocupa es que la gente los considere los más interesantes y los más importantes. Me preocupa que presten más atención a un charlatán que a un científico o a un filósofo (simplemente que a alguien que les propone pensar). Pero, lo que ya me inquieta muchísimo es que acaban creyendo al charlatán.

Creen antes en un “te juro que al primo de la novia de mi hermano le predijeron tal y tal y le pasó”, creen más en eso que en un razonamiento riguroso. Lo peor es que incluso parecen mantenerse más a la defensiva ante las razones que ante las chorradas ocultistas.

[Creo que el texto continuaba, pero no he encontrado el resto de las páginas]


[Notas de un cuaderno personal hacia 1987. Me resulta raro encontrar en la lista de crédulos a IT (Iván Tubau), porque creo que nunca estuvo en ese grupo]

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