El tiempo de los mitos

Los mitógrafos o mitólogos hablan de un tiempo mítico presente en casi todas las culturas, al que llaman illo tempore (“aquel tiempo”). Es el tiempo en el que los dioses y los héroes hicieron las cosas que hoy repetimos. El tiempo de los arquetipos que nosostros ahora tan sólo imitamos.

Pero quiero referirme aquí no al tiempo mítico, sino a otro tipo de tiempo de los mitos, no el tiempo en el que trascurren los mitos, sino el tiempo que abarca el trascurso de esos mitos.

Si examinamos la mitología griega, con sus muchos héroes y dioses, advertimos con cierta sorpresa que, aunque se habla de épocas anteriores a la creación misma de nuestro mundo, de miles de años desde los primeros dioses hasta nuestros días, en realidad los dioses y héroes apenas cubren unas cuantas generaciones.

Por ejemplo:

1. Gaia

2. Ouranos

3. Kronos

4. Zeus

5. Apolo

Cinco generaciones de dioses tan sólo. A veces tal vez seis. A partir de la quinta o sexta generación ya empiezan los semidioses y los héroes.

Urano y Gaia en tiempos felices

Si contamos las generaciones de semidioses y héroes, tampoco son muchas, aunque pueden superar a las de los dioses.

Aetlio

Endimion

Etolo

Agenor

Eveno

Tideo

Diómedes

Los últimos, Tideo y Diómedes ya casi son hombres heroicos, pero no héroes. Tideo participó en la guerra para conquistar la ciudad de Tebas; su hijo Diomedes en la expedición a Troya.

Naturalmente, podemos prolongar estas genealogías, pero ya en el tiempo de los hombres, y de este modo descubrir, por ejemplo, cómo Pericles está emparentado con los primeros fundadores de Atenas. Si queremos llegar a Roma tendremos que seguir a uno de los enemigos de Diómedes, el troyano Eneas, que nos conducirá a Italia y a Rómulo y Remo, de la mano de la genealogía inventada por Virgilio en La Eneida. Aquí las generaciones tienen que cubrir entre trescientos y quinientos años, que es lo que se supone que separa a la caída de Troya de la fundación mítica de Roma.

Pero, lo curioso es que las generaciones de los dioses y primeros semidioses sean tan pocas, a pesar e cubrir miles de años, no unos cientos como las de los héroes.

Algo semejante a lo que sucede en Grecia se puede encontrar en mitologías como la celta o la irlandesa, la nórdica o la lituana. Tal vez la excepción sea la India, con su millón de dioses, pero sospecho que el núcleo original de dioses védicos tampoco sobrepasa las cinco o seis generaciones.

Las largas genealogías releigiosas se han desarrollado casi siempre posteriormente, en una religión ya muy sistematizada, organizada e intelectualizada, como la de los gnósticos y sus eones o dioses que crean a otros dioses, que alcanzan, tal vez, más de ochenta generaciones.

Desde el punto de vista evemerista (entendiendo que tras los mitos se esconden hechos históricos), estas seis generaciones de dioses resultan muy interesantes para quien pretenda rastrear, por ejemplo, los orígenes de los pueblos indoeuropeos. Aunque sospecho que no siempre se puede comparar la duración de una generación divina y otra humana. A veces un dios o un héroe puede representar a un reino o a una tribu, por ejemplo.

Ahora bien, culturas indoeuropeas como la griega y la india comparten a algunos de los dioses de esas cinco generaciones (por ejemplo, en India Ouranos es Varuna, Zeus es Dyaus Pitar y Ares se desdobla en los gemelos Maruts). Como es obvio, las diferencias comienzan cuando griegos e indios hablan de sus semidioses y héroes, ya cercanos a las generaciones autóctonas de cada lugar.

 

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[Publicado por primera vez el 9 de febrero de 2008]

Hefesto y el nacimiento de Atenea, reinterpretación de un mito

Uno de los mitos más célebres es el del nacimiento de Atenea:

Zeus decide tragarse a su amada Metis (“La Sabiduría”) porque le anuncian que tras la primera hija que nazca, la diosa volverá a quedarse embarazada de un hijo que destronará a Zeus. Al cabo de un tiempo, Zeus sufre unos terribles dolores de cabeza. El herrero divino, Hefesto, le abre el cráneo y de allí sale completamente armada Atenea.

Este es el mito, que ha recibido muchas interpretaciones.

Para Robert Graves, aquí se muestra cómo el culto a los Olímpicos y a Zeus sustituyó el antiguo culto a la Diosa (la Gran diosa o Diosa Madre), en este caso Metis, que quedó incorporada  al nuevo panteón patriarcal en la forma de Atenea. Al salir de la cabeza de Zeus quedaba clara su subordinación a los nuevos dioses masculinos.

Sea cierto o no lo que dice Graves, creo que hay un aspecto que tal vez no haya recibido suficiente atención, la intervención del herrero Hefestos en el mito. En principio, parece que es un simple ayudante al parto. Sin embargo, es posible otra interpretación, sin duda arriesgada a primera vista.

Una pintura en una vasija griega nos pone sobre la pista de esta reinterpretación:

Birth of Athena from the head of Zeus, with Hephaestus | Greek vase, Athenian black figure kylix

Representación del nacimiento de Atenea en un vaso ático de figuras negras de ca. -560

Si no conociéramos el mito, ¿Cómo interpretaríamos la historia contada en este dibujo?

Probablemente pensaríamos que Zeus ha sido atacado por Hefesto, como parece mostrar la manera en que blande el rayo, que es sin duda amenazante.En cuanto a Atenea, no sólo surge armada de la cabeza de Zeus, sino que parece que su propósito es defender al padre de los dioses del ataque de Hefesto. Su gesto es agresivo, lo que no extraño puesto que Hefesto acaba de abrirle a Zeus la cabeza de un tajo, pero además parece claramente dirigido contra el herrero. Si observamos los pies y el gesto de Hefesto, el dios se está alejando del trono de Zeus, asustado sin duda.

Es sabido que algunas variantes de mitos de la Antigüedad nacen de una interpretación errónea de alguna pintura cuyo significado original se ha perdido, y el mismo error podemos cometer nosotros, de manera más culposa, puesto que nosotros sí conocemos la versión considerada ortodoxa del mito, en la que Hefesto no ataca a Zeus, sino que lo ayuda a librarse del dolor de cabeza. Los ritos a veces sirven para explicar los mitos y a veces sucede lo contrario, los mitos se crean para explicar un rito cuyo origen se ha olvidado, o un dibujo en una vasija.

Teniendo presente todo lo anterior, y a modo sólo de hipótesis, posible pero quizá no probable, podemos rastrear en el mito algún indicio que apoye nuestra interpretación.

 

Extraños nacimientos

En primer lugar, el nacimiento de Atenea se desarrolla en un contexto mítico que no puede sino llamarnos la atención. Asistimos a una sucesión de nacimientos extraños y a una acumulación de extravagancias o deformidades.

  1. El nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus (que se ha tragado a Metis)
  2. El nacimiento de Erictonio del semen de Hefesto derramado sobre el muslo de Atenea cuando intenta violarla. Semen que Atenea se limpia con un pedazo de lana, que arroja a la tierra, haciendo que ésta sea fecundada y que nazca Erictonio (ser mitad hombre mitad serpiente), al que Atenea adopta como hijo suyo.
  3. El propio nacimiento de Hefesto, hijo de Zeus y Hera, que nace enclenque, por lo que es arrojado por su madre y recogido por Tetis y Eurinome, que lo cuidan en el fondo del mar.

Las tres situaciones nos muestran extraños embarazos y extraños partos, hijos deformes y la sensación de que en todo ello hay una alusión a abortos, o hijos rechazados o no deseados. Es importante recordar que este tipo de nacimientos (de la tierra, de un padre sin madre, de una madre sin padre, de un falso padre) a menudo están relacionados con la disputa de diferentes clanes por el derecho sobre un territorio. Precisamente al no poder demostrar el derecho consuetudinario o histórico, se recurre a una explicación de ese tipo, por ejemplo, la manera en la que Teseo se convierte en ateniense: es un hijo que Egeo concibió durante un viaje a Trecén.

De hecho, Hera detesta a su hijo deforme y por eso lo lanza sin misericordia contra la tierra, lo que agrava su deficiencia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, según una de la versiones del mito, Hefesto no es hijo de Zeus y Hera, sino tan sólo de Hera (¡de nuevo asistimos a una partenogénesis!). Sin embargo Zeus dudaba de la fidelidad de Hera y de que Hefesto fuera un hijo partenogénito:

“Prodigio que él no quiso creer hasta que la aprisionó en una silla mecánica con brazos que se cerraban alrededor del que se sentaba en ella, y así le obligó a jurar por el río Estigia que no mentía. Otros dicen que Hefesto era hijo suyo con Talos, el sobrino de Dédalo.”

Se detecta, aquí pues, un primer conflicto entre Zeus y Hefesto, que nos hace sospechar si no fue él (y no Hera) quien arrojó  a su hijo no reconocido desde el Olimpo. La sospecha  aumenta si tenemos en cuenta que una vez que Hera decide admitir a su hijo entre los dioses olímpicos, Hefesto, ya reconciliado con ella, le reprocha a Zeus haber colgado del cielo a Hera por las muñecas. Zeus, irritado, de nuevo arroja a Hefesto del Olimpo, con lo que el pobre herrero se rompe las dos piernas, obligado desde entonces a andar con muletas de oro. Con el tiempo, Hefesto será readmitido por Zeus en el Olimpo.

¿No parece percibirse en todas estas leyendas el recuerdo de una disputa territorial o por el poder entre Zeus y Hefesto/Hera (y los pueblos que podrían esconderse bajo su nombre), tal vez por el control del Ática?

Robert Graves señala una disputa de estas características entre Hefesto y Atenea:

“Hefesto y Atenea compartían templos en Atenas; el nombre de él podría ser una forma gastada de hemero-phaistos, «el que brilla de día» (es decir el sol), mientras que Atenea era la diosa-luna, «la que brilla de noche», la patrona de todas las artes mecánicas (…) Cuando la diosa es destronada, el herrero se eleva a deidad.”

Lo que parecería confirmar que el mito muestra el persistente intento de Hefesto de alcanzar un lugar de culto equivalente al de los grandes dioses protectores de Atenas, finalmente logrado, pero tras ser expulsado por dos veces.

Desde este punto de vista, se podría interpretar la pintura de la vasija como un ataque de Hefesto a Zeus, que es repelido por la diosa Atenea (finalmente aliada con Zeus y subordinada a él). El ataque verbal de Hefesto en defensa de Hera habría sido más bien un ataque físico.

Por otra parte, la rivalidad entre Atenea y Hera, que se puede observar por ejemplo en La Ilíada, y la constatación de que Zeus forja una alianza mucho más estrecha con su hija Atenea que con su esposa Hera, se ha de tener siempre presente. Este episodio podría ser uno más que expresara esa rivalidad y esas alianzas entre clanes seguidores de distintos dioses. No deja de ser curioso que Hera tenga un hijo que no es de Zeus y que Zeus tenga una hija que no es de Hera, y que esos dos hijos estén relacionados en dos mitos importantes: el nacimiento de Atenea provocado por el hachazo de Hefaistos, y el posterior intento de violación de Atenea por Hefaistos, del que nace Erictonio.

Finalmente, no sólo la genealogía de los primeros reyes y clanes dominantes de Atenas es extremadamente confusa, sino que también lo es la de los dioses implicados. Lo cierto es que las variantes principales del mito del nacimiento de Hefesto impiden pensar en que este Dios haya podido participar en el nacimiento de Atenea.

En efecto, lo que cuenta Hesíodo es que Hera, irritada por el nacimiento de Atenea en la cabeza de Zeus, decidió tener ella un hijo del mismo modo. Ese hijo sería Hefesto. Con lo cual, Hefesto ni siquiera habría nacido cuando Atenea nació y deberíamos creer a quienes dicen que fue Prometeo el que ayudó a Zeus a parir a Atenea.

“Por fin, se desposó Zeus con la última de sus esposas, con la espléndida Hera, que parió a Hebe, a Ares y Hestia tras unirse al rey de los Dioses y de los hombres. Y él mismo hizo salir de su cabeza a Tritogenia [Atenea] la de los ojos claros, ardientes, que excita al tumulto y conduce a los ejércitos, invencible y venerable, a quien placen los clamores, las guerras y las contiendas. Pero Hera, sin unirse a nadie, usando sus propias fuerzas y luchando contra su esposo parió al ilustre Hefesto, hábil en el arte de la fragua entre todos los Uránicos.”

(Hesíodo, Teogonía 921ff)

El Pseudo-Apolodoro también muestra claramente la alianza de Hera y Hefesto contra Zeus (¿y Atenea?):

“Hera tuvo a Hefesto sin beneficio o participación sexual, aunque Homero dice que Zeus fue su padre. Zeus lo lanzo desde el cielo por ayudar a Hera cuando ella estaba encadenada. Hefesto cayó sobre Lemnos, rompiéndose las dos piernas”.


He tratado con bastante detalle el extraño nacimiento de Atenea (y el de su hijo Erictonio) en dos entradas:

La maternidad extravagante de Atenea y Satana

Atenea y Satana: el dios “embarazado”:


(Publicado por primera vez el 12 de febrero de 2008)

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