La venta de lo inútil

¿Por que un producto que no sirve absolutamente para nada puede, sin embargo, venderse muy bien?

Podemos imaginar algunas respuestas.

Supongamos que se trata de un cosmético para tener una piel más tersa.

 

Razón nº1

Lo prueban cien personas. A 30 de ellas les parece que la piel les ha mejorado.

¿Por qué se lo parece?

Por que sí. Simplemente les da la impresión de que tienen la piel un poco más tersa, sea esto verdad o no.

Porque realmente les ha mejorado. Pero no por causa del producto. Es seguro que a 100 personas la piel les evolucionará de una u otra manera en un período determinado de tiempo. A 30 les mejorá, a 30 les empeorará, a 40 se les quedará igual.Por ello, los 30 a los que les mejora se lo atribuirán al producto que se han estado aplicando. Seguirán comprándolo y por ello 30 de cada 100 repetirán. A ellos habrá que sumar los nuevos incautos.

 

Razón nº2

Porque buenas campañas publicitarias hacen que el producto se venda continuamente, sean cuales sean los resultados. Esto ayuda mucho a la primera razón: siempre acaban desencantándose algunos clientes, pero llegan otros nuevos que pasan por las fases descritas en el punto primero.

 

Razón nº3

Porque el producto no funciona por sus ingredientes sino por razones paralelas, como que la persona al aplicárselo se da un masaje. Ese masaje es la causa de la mejora, no el producto en sí, pero el usuario tiende a atribuir las virtudes beneficiosas al producto. Esto sucede contínuamente con los métodos homeopáticos, ecológicos, la acupuntura, etcétera, que suelen venir acompañados de actividades como masajes, movimientos que relajan los músculos, un ambiente de relajación y recomendaciones siempre saludables, como pasear, beber agua o infusiones, tomar fruta, etcétera.

Cornwallis y Demócrito

NPG D27891; Sir William Cornwallis, the younger by Thomas Cecill

Al parecer, William Cornwallis descuidó sus responsabilidades en relación con el patrimonio de su padre Charles Cornwallis, lo que hizo que su progenitor se lamentara diciendo:

“Of all sorts of people, I most despair of those of his sort, that are philosophers in their words and fools in their works.”

(“De todos los tipos de personas, de los que más desespero es de los que pertenecen a este tipo: los que son filósofos en sus palabras y locos en sus acciones”)

Se puede pensar que William era uno de esos filósofos que no aplican lo que dicen , pero también se puede pensar que su caso fue semejante al de Demócrito, a quien la ciudad de Abdera quiso también condenar por no ocuparse de su propio patrimonio. Demócrito escapó a la condena argumentando que durante todo ese tiempo si había cuidado de su patrimonio: al educarse a sí mismo y engrandecer su mente y su alma.

Una excelente respuesta.

 

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EL RESTO ES LITERATURA

La identidad y el mito de los orígenes

En A discourse of Ireland (1599) se dice:

“Es cosa observada en Irlanda y que se ha hecho proverbial, que los colonos ingleses se vuelven irlandeses en la segunda generación pero nunca ingleses”.

Y lo atribuye a que “el mal sobrepuja y corrompe al bien”(128).

Es interesante en relación con el mito de los orígenes y con la tan frecuente deriva que hace que  los conquistadores (o sus descendientes) acaban queriendo ser (o descender) de los conquistados. Se dan muchos ejemplos en Canarias, Cataluña, Euskadi o en América latina.


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Desmitificadores y relativistas

lem-vacioVacío perfecto es otro libro fascinante, que me reafirma en considerar a Lem como el Lauzier de la ciencia ficción, o de la narrativa en general. Lauzier (naturalmente, esta es una opinión estrictamente personal) es al comic lo que Tom Wolfe es al periodismo y Lem a la narrativa, aunque no sabría trazar la figura geométrica exacta que une a estos autores. Es evidente que los tres son lo que Carlo Frabetti denomina ‘desmitificadores de los desmitificadores’. O quizá Frabetti los llama ‘desmitificadores de la cultura’, pero yo no estoy de acuerdo con esa definición y prefiero la reseñada antes.

Naturalmente, hay que tener en cuenta que los desmitificadores profesionales son los mayores mitificadores que han existido: destruyen cien mitos por hora, pero crean doscientos nuevos.

En la nómina de los desmitificadores de los desmitificadores, se puede incluir a mucha más gente: Nabokov, Buttler, Swift, quizá Lubitsch, Chesterton, etc. También tienen afinidades con los cínicos griegos (el lugar de los desmitificadores lo ocuparían, quizá, los epicureos y los escépticos).

Pero, como sé que esta terminología es confusa, intentaré explicar de otra manera qué tienen en común Lem, Wolfe, Lauzier, Nabokov y Chesterton, por citar sólo a cinco.

Aunque parezca ingenuo  yo creo que lo que tienen en común es que piensan. Piensan mucho. Piensan en las pequeñas cosas y en las grandes cosas.
No se dejan cegar por los fuegos de artificio, se resisten a dejarse llevar por la corriente de las frases hechas y las ideas tópicas, y permanecen siempre alerta: “Quizá engañéis a otros -podrían decir- pero no me engañáis a mí” .

Wolfe reacciona frente a las teorías artísticas, Chesterton, entre otras cosas, contra la dialéctica de los poderosos; Nabokov, especialmente contra el psicoanálisis, y Lauzier frente a los tópicos de cierta izquierda simplista. En una entrevista, por ejemplo, Lauzier tiene el valor de enfrentarse al mito del 68. Para él, los resultados de aquel suceso han sido la creación de una cultura para menores de edad.

El campo de batalla de Lem es mucho más amplio.

Pero, como en casi todas las cosas, creo que lo mejor es poner ejemplos.

En Schtroumpf, Lauzier ataca despiadadamente, pero en mi opinión con justicia, a la llamada B.D. adulta:

Lauzier_Tetedanslesac_01

“Se dice que la B.D. (Comic) adulta nació en 1968, y yo no he visto aún una BD que contase lo del 68. Los autores se masturban el cerebro para encontrar ideas sin interés… Me da la impresión de que los creadores de comic escriben no importa qué. Es un delirio que ¿cuánto va a durar? Considero que la BD para adultos es una mierda. Los críticos de BD califican de genial cualquier pequeña mierda que aparece. En la BD, en el teatro, en el cine, Mayo del 68 ha significado una catástrofe. Es una regresión infantil; el propósito inicial era otro ciertamente, pero el resultado ha sido esto.”

En comic, en pintura, en el cine, en las diversas artes, en la literatura e incluso en la filosofía, asistimos a un torrente de productos de ínfima calidad que son calificados de geniales, de originales. Pero, en realidad, es muy difícil hallar una idea original, una verdadera creación, en parte alguna. Naturalmente, hay excepciones, pero pocas. Eso es lo que son Wolfe, Lem y Lauzier: excepciones.

Gente que no se deja llevar por la corriente de la autocomplacencia, del dorarse la píldora unos a otros, que no aceptan nada antes de reflexionar sobre ello. Pero, en general, no se puede calificar a estos autores de escépticos, pues el escepticismo militante y dogmático no es sino una perversión de la ingenuidad. Ellos combaten, entre otras cosas, el relativismo cultural que no se pronuncia sobre nada, no opina nada y no ofrece nada, excepto una colección de datos. Ese relativismo que confunde la tolerancia y la amplitud de miras con el carecer de opinión.

No obstante, yo no me atrevería a decir que la situación actual es una novedad: lo desmienten las observaciones de Chesterton sobre el siglo XIX y las de algunos escritores griegos acerca de una época distante en más de 2000 años. Supongo, pues, que es una característica común a todas las épocas.

Martin Gardner también podría ser incluido en este grupo; en uno de sus ensayos explica precisamente las dos clases de escepticismo: él colabora en una revista llamada Skeptikal Inquirer. Esta revista antes se llamaba Zetetic y la dirigía Marcello Truzzi:

“Después de los tres primeros números, se hizo evidente que había profundas diferencias filosóficas entre lo que Truzzi deseaba que fuese la revista y los deseos de los otros miembros de la comisión. Nosotros queríamos una revista de apoyo abierto, que adoptase una firme posición contra las formas más absurdas de la moderna pseudociencia. Truzzi pensaba que hasta los chiflados como Velikovsky debían ser tratados con respeto. Quería que la revista efectuase diálogos entre los escépticos y los verdaderos creyentes, para presentar ambas partes de las controversias actuales. En resumen, quería una revista con un tono objetivo neutral, en contraste con lo que calificaba de mero “desenmascaramiento . El resto de nosotros no consideramos que desenmascaramiento fuese una palabra tan negativa. Pensábamos que, cuando la seudociencia se sumerge en el ámbito del irracionalismo, es apropiado ejercer el humor contra ella, y hasta ridiculizarla.”

Creo que lo anterior deja bien claro cuáles son las dos clases de escépticos:

a) aquellos que no creen en nada ni se pronuncian sobre nada. El escéptico griego, por ejemplo: “considera todos los argumentos en pro y en contra de cada tesis y ve que se equilibran. Él no toma partido… Tanto valen unas soluciones como otras, pues ninguna vale nada”.

b) aquellos que desconfían, que examinan atentamente los argumentos en pro y en contra para intentar descubrir cuáles tienen más garantías de ser ciertos. Aquellos que creen en la razón como medio de decisión.

Obviamente, yo estoy de acuerdo con estos últimos.

Antes he asociado a los modernos relativistas con los escépticos griegos, y a sus oponentes (la segunda clase de escépticos antes señalada) con los cínicos. También dije que los epicúreos podrían ser incluidos en ese grupo de escépticos relativistas, ahora añadiría que al otro grupo podrían pertenecer algunos sofistas (tan injustamente despreciados)

 

*********

[4 de diciembre de 1987]

NOTA EN 2013: algunas asimilaciones y comparaciones hoy me parecen muy discutibles y varias definiciones son un poco imprecisas y quizá no muy exactas, pero en general estoy bastante de acuerdo con lo que decía aquí.

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RELATIVISMO

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Razón y oscurantismo

Hace unos días hablaba con NT, Jp y MT y me di cuenta de que me hallaba bastante solo en mi defensa de lo racional frente a lo irracional.

Jp es absolutamente creyente en todas esas cosas: astrología, telequinesis, telepatía, etc. Cuando le cité la frase de Chesterton:

“Hoy en día no es que la gente haya dejado de creer en Dios porque no cree en nada, es que cree en todo”, opinó que lo que yo consideraba defecto era virtud (creer en todo)”.

Pertenece, evidentemente, al grupo de los ‘creyentes científicos’, no al grupo de los simplemente irracionales.

Es decir: cree que muchas de esas cosas sobrenaturales serán probadas por la ciencia en un futuro.

Y yo me pregunto: ¿por qué a la gente parece interesarle tanto el que la ciencia pruebe que un señor puede torcer cucharas o mover una silla con la mente? ¿Por qué no les interesa que la ciencia resuelva los innumerables y fascinantes problemas acerca del hombre, de la tierra y del cosmos?, ¿por qué les interesa más que el ser humano sea capaz de torcer cubiertos que el que sea aparentemente incapaz de crear una sociedad justa?

Todo esto, lo digo sin fingimiento, me entristece mucho. No me gusta ir contracorriente, es la corriente la que viene contra mí. No logro entender por qué está tan extendido el oscurantismo. Ya sé aquello de los ‘fin de siglo’, la comparación con la sociedad en crisis de la Roma de los Césares, etcétera. Pero, ¿por qué?

Desde que la razón comenzó a ganar terreno a la credulidad -hace bien poco-, se han conseguido grandes cosas. Esta sociedad puede entrar en crisis, crisis de valores y todo lo demás, pero es, con todos sus defectos, mejor que muchas anteriores. En fin, parece que la gente sólo sabe creer, ya sea en la Revolución, ya en Satán o ya en la telequinesis.

Como dije al principio, cada vez me veo más aislado, más solo. NT, como me dijo IT, también, en efecto, cree en todas esas cosas (¡ella que estudia algo tan fascinante como es la arqueología!). MT no lo sé. No sé hasta dónde su tibia defensa de la astrología es una provocación, pero me parece que de una u otra manera, y aunque sea poco, cree.

IT, aunque con mucho juego intelectual, también; AC mucho más que él.
¿Y CM? Algunos detalles me hacen suponer que, medio en broma medio en serio, cree, aunque le da verguenza confesármelo. Mg, FN, IM, TF,, JA ¿JT?¡Todos!
Aparte de algún famoso antioscurantista (Gardner, Popper, Savater), ¿quién me queda cerca?

Creo que sólo VG. ¿Habrá sido su influencia, su materialismo estricto -que yo comparto- lo que me habrá llevado a confiar tan sólo en la razón?

Pero, espera, ¿puedo estar seguro de que VG no cree en algo irracional? Intentaré averiguarlo.

Admito que muchos de estos temas son interesantes (Saint Germain, Cagliostro…), pero lo que me preocupa es que la gente los considere los más interesantes y los más importantes. Me preocupa que presten más atención a un charlatán que a un científico o a un filósofo (simplemente que a alguien que les propone pensar). Pero, lo que ya me inquieta muchísimo es que acaban creyendo al charlatán.

Creen antes en un “te juro que al primo de la novia de mi hermano le predijeron tal y tal y le pasó”, creen más en eso que en un razonamiento riguroso. Lo peor es que incluso parecen mantenerse más a la defensiva ante las razones que ante las chorradas ocultistas.

[Creo que el texto continuaba, pero no he encontrado el resto de las páginas]


[Notas de un cuaderno personal hacia 1987. Me resulta raro encontrar en la lista de crédulos a IT (Iván Tubau), porque creo que nunca estuvo en ese grupo]

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Sócrates y la ley

Trasímaco

Trasímaco

Cuando leí las palabras que Trasímaco dice en La República acerca de que  “en todas partes lo justo es lo que aprovecha al más fuerte”, confieso que las entendí como una denuncia y, por tanto, estuve más o menos de acuerdo con esa crítica. Pero resulta, según parece, que no son una denuncia, sino la definición de la justicia ideal. En eso, por supuesto, no puedo estar de acuerdo.

En efecto, Sócrates en el Critón, como era común en su época, parece no distinguir legalidad de justicia, apoyando aquella idea expuesta por Trasímaco: hay que obedecer las leyes de un Estado sea cual sea nuestra opinión sobre ellas, puesto que las leyes de un Estado siempre son justas.

Me niego a opinar tal cosa, y distingo legalidad de justicia, y pienso que las leyes se hacen para los ciudadanos, y no al contrario. Como ya he escrito sobre esto anteriormente, no me extenderé. Sólo señalaré que en cierto modo las ideas platónico-socráticas sobre este tema parecen coincidir con las del relativismo cultural extremo.

*********

[Escrito en 1987]

He comentado este texto en 2014: Hágase la ley y muera yo

Por cierto, a veces cuesta creer que Trasímaco no hablase de manera irónica, si recordamos frases suyas como: «La traición nunca prospera. ¿Por qué? Porque si prospera ya nadie la llamará traición».

En cuanto a la comparación entre el absolutismo de la ley y el relativismo, simplemente hay que sustituir ley por tradición: basta con que exista una tradición, sea la que sea, para que algo deba permitirse o aprobarse.

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Entradas de filosofía en Toda la filosofía

Platón y Sócrates

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