Syriana y la teoría conspirativa

A menudo se plantea la disyuntiva de elegir entre lo sencillo y lo complejo. Si nos decantamos por la sencillez, como suele ser mi caso, ello parece implicar que cualquier cosa compleja deja de merecer la pena. Pero esa es una conclusión sin duda precipitada.

En el mundo, y también en nuestra manera de ver el mundo, existen cosas sencillas y existen cosas complejas. Explicar cómo funciona el cerebro humano es un asunto muy complejo, como lo es describir el origen del universo o la composición de la materia. Un error frecuente consiste en convertir en complejo lo sencillo, pero igual de erróneo es presentar como demasiado sencillo lo complejo.

Todo lo que rodea al mundo del petróleo es muy complejo, quizá tan complejo como lo que algunos consideran el artefacto más complejo del universo, el cerebro humano. Quizá el mundo del petróleo no es más complejo que el cerebro en cuanto a los factores implicados, en lo que el cerebro supera a todo lo conocido (exceptuando el universo que incluye millones de cerebros, claro), pero si resulta más complejo en otro sentido: hay que suponer que el estudio del cerebro nos permitirá entender finalmente cómo funciona y para qué sirve cada elemento implicado, pero no podemos esperar una explicación parecida en el estudio del mundo petrolífero, por mucho que profundicemos en ello. Encontraremos, eso sí, que ciertas cosas suceden porque hay ciertos intereses detrás, que otras se deben a la intervención de éste o aquél gobierno o grupo de influencia. Aunque encontremos miles de piezas, muchas de ellas no encajarán nunca, sencillamente porque pertenecen a juegos diferentes. No se trata de piezas de una misma maquinaria o de partes de un mismo organismo, cada una de las cuales cumple uan función determinada. Si yo mezclo un puzzle en el que se ve la piedra negra de La Meca, y tú añades otro en el que hay que reconstruir una imagen de Broadway de noche, es imposible que, juntando tus piezas y las mías, obtengamos una única imagen. Sólo podremos hacer encajar tus piezas con las mías deformándolas o rompiéndolas.

En el mundo del petróleo no sólo hay complejidad, sino también confusión, nexos que forman una cadena de explicaciones, al final de la cual no encontramos más que el vacío; elementos que juegan un papel determinante en cierta situación, pero enseguida desaparecen para siempre; intereses que se enfrentan a sí mismos en movimientos incoherentes, muchos complós y conspiraciones, muchos fracasos de los complós y conspiraciones.

syriana

 

 La teoría conspirativa

Karl Popper decía que la verdadera ignorancia no es la falta de conocimientos, sino el no querer adquirirlos.

Muchos politólogos y periodistas mencionan una y otra vez despectivamente la teoría conspirativa, esa idea de que las conspiraciones dirigen el mundo, y recuerdan los argumentos de Karl Popper en contra. Olvidan, sin embargo, que Popper no negaba que existieran conspiraciones y complós: habría que ser verdaderamente inmune a la realidad y ciego a la información para no darse cuenta de que todos los días se están produciendo conspiraciones en el mundo. Lo que Popper decía es que la historia del mundo no se puede escribir como la historia de sucesivas conspiraciones. Las conspiraciones no dirigen la historia. Intentan dirigirla, pero no lo consiguen, o sólo lo hacen muy ocasionalmente. A menudo los acontecimientos se desarrollan de manera contraria a los intereses de los conspiradores.

Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética quiso cambiar el curso de los acontecimientos asesinando al Papa Juan Pablo II. Los acontecimientos, en efecto, cambiaron, pero no de la manera que deseaban los instigadores del atentado, pues el Papa sobrevivió al atentado y los polacos siguieron contando con su apoyo frente a los rusos. Pocos años después, en 1989, caía el muro de Berlín y desaparecía el Pacto de Varsovia.

Estados Unidos y Arabia Saudi también quisieron cambiar el rumbo de la historia favoreciendo a los musulmanes más radicales de Afganistán, los talibanes, pero los tanto ellos como Bin Laden se les fueron de las manos y atacaron los intereses de EEUU, incluso en su territorio, con el atentado contra las torres gemelas, que es también una conspiración, cuyo resultado final no creo que acabe complaciendo a sus ejecutores fundamentalistas, o al menos eso espero.

En el siglo XIX se empezó a hablar de uan conspiración de los judíos para hacerse con el control del mundo. Se suponía que el plan estaba contenido en un libro llamado Los protocolos de los sabios de Sión. Sin embargo, el libro era una falsificación de los servicios secretos rusos hecha a partir de una novela de ciencia ficción. No había conspiración judía, sino que la verdadera conspiración era la de los antisemitas, una conspiración que dio sus frutos con el ascenso del nazismo y el holocausto. Todavía existen muchos ignorantes, en especial en lso países musulmanes, que creen en la conspiración de los sabios de Sión.

En definitiva, hay decenas de conspiraciones, y por causa de ellas mueren miles y a veces millones de personas, como en la invasión soviética de Afganistán, pero son piezas movidas por jugadores que juegan a distintos juegos, y que casi nunca pueden completar su propio puzzle.

Syriana muestra parte de ese puzzle hecho de piezas mezcladas, en el que participan jugadores que ni siquiera están de acuerdo en cuáles son las reglas del juego. Lo hace de manera complejísima, confusa a menudo, no por falta de pericia del guionista y el director, sino porque el asunto es confuso; de manera ambigua porque es ambigua la realidad.

Syriana no da respuestas, porque no existen. O sí, tal vez si existen respuestas, unas cuantas decenas de respuestas, pero no una única respuesta. Es una película que entiende que la sencillez se convertiría en simplismo y que muestra los diferentes aspectos y personajes implicados, no desde un punto de vista neutral, porque su punto de vista es el del asombro y la furia impotente ante unos y otros, ante tantos culpables con nombre y apellidos, pero si muestra ese punto de vista de una manera multiplicada. En Syriana hay muy pocos inocentes y creo que es razonable que así sea. Por eso, sospecho, porque no es fácil saber quién es el héroe de la película, a muchos espectadores les parece fría, además de confusa. En efecto, he leído y escuchado algunas críticas que  la consideran confusa, y eso es algo que no se puede negar, como ya he dicho, pero lo es a propósito.

La película, con guión y dirección de Stephen Gagham es de una seriedad asombrosa para proceder de Hollywood, y muestra, de una manera intensa y precisa, los diferentes aspectos de un mundo complejísimo. Su director, protagonista y promotor, George Clooney ha explicado que con Syriana no pretendían dar respuestas, sino conseguir que el espectador se planteara preguntas, que después de verla discutiera si estaba de acuerdo con esto o con aquello. Me temo que el espectador convencional de cine no está preparado para eso, o no le apetece tomarse tan en serio una película como se tomaría un libro o un artículo de investigación.

A mí Syriana me pareció una confusión embriagadora, tal vez porque es un tema que me interesa mucho, y descubrí una y otra vez que Gagham está verdaderamente bien informado y su punto de vista es amplio, muy lejos del simplismo que reina en este tema. Vi la película en una situación desdoblada, muy interesado por la historia o trama que sostiene la película, pero también por todas las claves que se van dando acerca de un conflicto.

Es, en cierto modo, una película/ensayo, que exige del espectador una atención continua. Algunos dicen que podría haber sido un documental. Aunque es cierto que se pueden hacer fascinantes documentales sobre el tema, al tratarse de una historia de ficción puede ir más allá de lo que iría un documental. Y quizá ese más allá está bastante cerca de la verdad o de muchas verdades del mundo del petróleo. En un documental, el príncipe Nassir, sólo puede ser el príncipe Nassir, pero en Syriana, el príncipe Nassir es y no es a la vez el rey de Marruecos, el ex presidente Jatamí de Irán, Benazir Butto de Pakistán y, por supuesto, el príncipe heredero de Arabia Saudi, Qatar o Dubai.

Robert Baer, ex-agente de la CIA y autor de See No Evil, libro en que se inspira esta película, dice:

«Syriana es un lugar ficticio, un término que se utiliza para describir el rediseño de las fronteras del Oriente Medio para que se ajusten a nuestros intereses (los de Estados Unidos)».

Es inevitable que para quien no conozca lo que sucede en el mundo musulmán y los importantes movimientos políticos y estratégicos que se están produciendo en este momento en el planeta, la película pierda gran parte de su atractivo y se convierta en un thriller difícil de seguir, porque hay cosas muy importantes que en la película apenas son mencionadas de pasada, pero ¡de qué manera!

Los críticos de cine son una curiosa especie, proclive a las valoraciones dogmáticas y ruidosas, y que casi siempre argumentan en función de lo que a ellos les interesa o aburre, o de lo que ellos creen que debe ser “una película”. Pocas veces se plantean que si algo no les gusta tal vez sea culpa suya, más que de la película. Syriana no es una película para todos los públicos, pero no todas las películas tienen porqué serlo, del mismo modo que hay libros para un público amplio y libros para especialistas, que disfrutan con la complejidad de su tema de estudio. Creo que para quienes se interesan por el mundo del petróleo y la geoestrategia (sin necesidad de ser expertos), la experiencia de ver Syriana proporciona un placer intelectual inmenso.

*************

[Publicado el 19 de enero de 2008]

En la página The tangled Web of Syriana puedes navegar por la complejidad de la película y orientarte un poco más en la confusión.

****************

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

Error: puede que no exista la vista de d52dd99cd0

Opinar no es lo mismo que entender

Beginners de Mike Mills

A algunos espectadores, Beginners les habrá gustado mucho, a otros les habrá gustado poco y a algunos no les habrá gustado nada. Cada uno tendrá sus razones, pero creo que muchas de esas razones serán consecuencia de esa opnión  (“Me gusta”/”No me gusta”), y no que ese juicio sea consecuencia de las razones que intentan explicarlo. ¿Qué es lo que estoy queriendo decir con este planteamiento enrevesado?

Me refiero a que existen sensaciones y emociones que están más allá del análisis y la razón argumentativa, que dependen de gustos que hemos adquirido a lo largo de los años, de manías y preferencias de las que ni siquiera somos conscientes, de detalles tan subjetivos como que un actor nos caiga bien o mal; de una opinión acerca de la película que hemos escuchado antes de verla y que, aunque no lo queramos, nos influye. Este tipo de cuestiones, imprevisibles, casi inmanejables, a menudo imperceptibles o mejor dicho impercibibles (es decir, difíciles de percibir) se interponen entre nuestra percepción de la película y el análisis que hacemos de ella, contaminan cualquier examen y nos impiden ver las cosas de manera inocente o ingenua. No diré que nos impiden ver las cosas tal como son, porque lo más probable es que las cosas no sean de ninguna manera, o si realmente fueran de alguna manera, esa manera ni siquiera nos interesaría en tanto que seres humanos, porque las cosas que nos interesan son precisamente aquellas que quedan al alcance de nuestra percepción, de nuestra sensación o de nuestra emoción. La realidad real, aunque tenga sus reglas, es probablemente un caos en el que nos sentiríamos perdidos.

Pero no es mi intención hacer aquí metafísica o lo que los filósofos llaman ontología, no quiero averiguar de qué está hecha la realidad, sino más bien lo que también los filósofos llaman epistemología, gnoseología o teoría del conocimiento, es decir, la pregunta acerca de cómo conocemos las cosas. Los hechos culturales, como una película, dependen en gran medida no sólo de lo que percibimos, de lo que se ofrece a nuestros sentidos, de la hora y cuarenta minutos que pasamos en el cine o ante la pantalla de un televisor o un ordenador viendo Beginners, sino de cómo lo percibimos. Y la manera en la que lo percibimos depende, a su vez, de cada uno de nosotros, de nuestras características personales, de nuestros conocimientos y de nuestras manías. Todas esas cualidades, que son lo que nos hace únicos como individuos, nos llevan a percibir cualquier cosa, como una película,  de una manera quizá intrasferible a cualquier otro individuo. Es cierto que podemos compartir algunas ideas, sensaciones o emociones con los demás, pero se trata de una destilación, de una selección de ciertas ideas que han pasado por el alambique de nuestras neuronas y que, cuando llegan al exterior, cuando se manifiestan en forma de palabras, por ejemplo en una conversación al salir del cine, logran coincidir en algunas notas concretas con las opiniones que nos ofrece nuestro interlocutor. Esas opiniones coincidentes son el mínimo o el máximo común compartible entre dos individuos.

Todo lo anterior puede parecer una manera demasiado enrevesada de iniciar el comentario de una película, pero espero que el lector acabe por aceptar que Beginners en cierto modo invita a ello.

Lo que aquí me interesa señalar es que el juicio valorativo, la expresión de opiniones de gusto (“Me gusta”/”No me gusta), se interpone demasiado a menudo con la capacidad analítica, que es lo que nos permite examinar lo que hemos visto, en este caso Beginners. Examinemos un ejemplo concreto para librarnos de todo este planteamiento en exceso abstracto e indeterminado.

 

La lentitud

Es muy posible, es casi seguro, que a la mayoría de los espectadores la película les haya parecido lenta.  Eso es inevitable al menos por dos razones. En primer lugar, en la película se rompe el engaño al que nos somete habitualmente el cine (y también la novela de aventuras), porque en Beginners el director nos recuerda varias veces que estamos viendo una película e interrumpe a propósito el flujo natural de la narración, lo que en el Hollywood clásico se llamaba montaje trasparente, y que en el Hollywood actual se conoce como el sacrificio de la forma al argumento.

La segunda razón de esa sensación de lentitud es que la película está contada desde un único punto de vista. Cuando una película se cuenta desde un único punto de vista, en este caso el del personaje interpretado por Ewan McGregor, se corre el riesgo de que al espectador la película le parezca lenta, pues le falta el cambio de ritmo que proporciona la mera sucesión de diferentes puntos de vista, el de este personaje, el de aquel otro, el de su antagonista, un punto de vista neutro, otro omnisciente.

Estos dos elementos, ruptura de la hipnosis narrativa y usar un único punto de vista, puede provocar esa sensación de lentitud y puede llevar a muchos espectadores a percibir una cierta falta de ritmo, aunque no lleguen a saber con claridad las causas de esa sensación que les ha dominado a partir de un cierto momento. También se trata, por otra parte, de una película de emociones pausadas y contenidas.

Ahora bien, todas esas características, lentitud,  punto de vista único y emociones contenidas, pueden crear otro tipo de hipnosis en aquel espectador que por una u otra razón las reciba de manera favorable, para el espectador que aprecia esas cualidades casi más que las opuestas, para el espectador al que le gusta escapar de la convención narrativa habitual. No estoy diciendo que sea bueno o malo en sí, o que demuestre más sensibilidad o inteligencia lo uno que lo otro, pero creo que esa predisposición o disposición de ánimo puede existir en muchos espectadores, que se sienten agradablemente sorprendidos cuando la película les propone que no se entreguen sin más al flujo narrativo sino que, en cierto modo, participen de él, al verse obligados a mantener una atención más activa de lo habitual, a unir percepción y reflexión durante el visionado de la película.

Beginners es una película exigente con el espectador, más que nada porque se decanta por lo menos habitual, las tres características antes mencionadas (un punto de vista único, la ruptura del encantamiento narrativo y la mesura emocional), pero a todo ello hay que añadir la ruptura de las convenciones estéticas dominantes. La película está rodada con una cámara digital, la Red One, que Sodenberg hizo célebre al rodar con ella Che. Aunque es una cámara de calidad suficiente como para fingir o imitar la estética del celuloide, Mike Mills parece haber seguido a propósito los consejos de Mike Figgis, director de Leaving Las Vegas y defensor de la nueva estética digital:

 “Existe ese mito de que el vídeo necesita más luz. Hay dos escuelas: la mía, que dice que se necesita menos luz, y la otra, según la cual se necesita más luz para vídeo que para 35mm. Eso es cierto si quieres un estilo determinado, pero es un estilo espantoso”.

Mills usa menos luz de la que un director de iluminación exigiría, menos luz de aquella a la que nos ha acostumbrado el cine de Hollywood más convencional. En muchos momentos parece faltar luz, al menos para el estándar al que estamos acostumbrados.  Eso también nos obliga a esforzarnos y es seguro que también influye en esa sensación de lentitud: no se produce la saturación sensorial de la que hablaba Marshall McLuhan. Cuando empecé a ver la película, sólo sabía que actuaba Christopher Plummer y tarde un buen rato en darme cuenta de que el muchacho joven era el actor Ewan McGregor.

No voy a continuar examinando esta cuestión, porque podría parecer que mi intención es justificar que la película nos parezca lenta, cuando la verdad es que a mí en ningún momento me lo pareció, quizá porque tengo cierta afición a las películas que se alejan del estándar del cine comercial de las últimas décadas y que ofrecen algo distinto. Ya el simple hecho de esa diferencia me resulta agradable y me predispone a su favor.

 

Los peores prejuicios son los invisibles

Vuelvo ahora a aquello que dije al principio acerca del juicio valorativo y el analítico, pero ahora para intentar mostrar que en nuestros análisis interfieren factores de los que apenas somos conscientes, tan imperceptibles como esa habituación a los estándares del cine comercial.

Si Beginners se hubiera estrenado en los años 50 del siglo pasado, a la inmensa mayoría del público no es que les hubiera parecido lenta o falta de luz, es que la habrían considerado repugnante. Se lo habría parecido sencillamente por tratar de manera tan natural la homosexualidad. Como es obvio, ni siquiera hubiera podido estrenarse, pero, si por algún descuido de la censura, una película como esta hubiese llegado a los cines, los espectadores habrían opinado con toda naturalidad y sin creer que estaban siendo víctimas de sus prejuicios, que la película era inmoral. Esto muestra que no somos inmunes a nuestro medio social ni a nuestra circunstancia histórica, como tan certeramente señaló Ortega y Gasset precisamente en los años 50: “Yo soy yo y mi circunstancia”. Ahora nadie abandona el cine al ver a dos hombres besándose en la pantalla e incluso Christopher Plummer recibió el Óscar por su interpretación de Hal. Esta certeza nos debería poner en duda nuestros espontáneos juicios valorativos y pensárnoslo dos veces antes de pontificar acerca de que lo que nos gusta o disgusta a nosotros en este momento concreto, o creer que realmente nos guste o disguste algo porque hemos entendido y percibido lo bueno o lo malo que tiene. No hace falta decir que no se ha producido un cambio genético en la especie humana desde los años 50 o incluso 70 u 80 del siglo pasado y que si hoy en día cualquier persona civilizada ha tirado a la basura los prejuicios contra la homosexualidad eso se ha producido gracias a la evolución cultural y social. A todos nos gusta pensar que en los años 50 habríamos pensado como pensamos ahora, pero eso es una fantasía insostenible.

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que las expresiones valorativas y las analíticas funcionan de manera diferente, unas juzgan, otras intentan entender, pero ambas emplean los mismos recursos cerebrales, el mismo hardware, digamos. Por ejemplo, la memoria inmediata o de trabajo. La memoria de trabajo, que es la que nos permite manejar cosas e ideas que tenemos en primer plano, es muy limitada y puede quedar saturada muy rápidamente. Si esa memoria inmediata la llenamos además con valoraciones ideológicas y morales, con intenciones y con emociones, desde imponernos en una discusión, hasta rechazar algo que nos molesta o superar una situación que nos pone nerviosos, entonces quedará muy poco espacio para los datos que necesita un buen análisis. Probablemente no se trata sólo de espacio, sino también de procesos químicos e incluso físicos (eléctricos) que afectan a nuestro cerebro. Los juicios valorativos, en definitiva, están demasiado unidos a nuestras emociones e impiden poner serenidad y distancia en el análisis. Pondré un ejemplo de uno de mis prejuicios o postjuicios (prejuicios nacidos de la experiencia).

A mí me resulta muy difícil ver una película en la que aparezca Tom Cruise, porque esa película tiene por delante una tarea casi imposible: sobrevivir a su actuación. Así que tengo que llevar a cabo un verdadero esfuerzo para abstraerme, ya que por desgracia son muchas las películas con excelentes guiones y excelentes directores que han contado con Tom Cruise. Tengo que hacer un ejercicio imaginativo paralelo y casi ver a otro actor diciendo esas excelentes líneas de diálogo. No resulta fácil, pero suelo conseguirlo, aunque, como es obvio, nunca podré disfrutar de la película tanto y de manera tan inmediatamente intuitiva como lo haría si en ella no estuviera Tom Cruise.

En cualquier caso, lo importante es insistir en que una cosa es el juicio de gusto (como mi rechazo a Tom Cruise) y otra el análisis, algo que muchas personas no logran separar. Como decía Aaron Sorkin, cuando vas al médico porque te duele un hombro, tú debes limitarte a decirle qué te pasa, dónde te duele y qué síntomas experimentas, pero no eres tú, sino él, quien debe decidir si es mejor cortar o no este nervio, seguir o no este tratamiento, etcétera. Aunque uno tenga una sensación clara de que algo no le gusta, eso no quiere decir que sea también capaz de explicarlo. A eso me refería al principio, al decir que casi siempre nuestras explicaciones dependen de nuestras sensaciones, de ese me gusta o no me gusta, y no a la inversa. Es porque algo no nos gusta por lo que intentamos encontrar las razones, y no porque después de examinar ciertas razones estupendas concluyamos que algo no nos gusta. Es cierto que es difícil luchar contra un juicio de gusto espontáneo y forzarnos a que algo nos guste, aunque no es ni mucho menos imposible y el gusto también debe ser educado. De hecho, el gusto es siempre educado, siempre aprendido, aunque puede serlo de dos maneras: siendo nosotros conscientes de ello, o no siéndolo. No hace falta decir que en el segundo caso nuestro gusto será el fruto más acabado de nuestra incultura y de nuestros prejuicios más torpes, aunque presumamos de lo espontáneo y natural que es y lo llamemos intuición.

“Mi personalidad fue creada por otra persona y todo lo que tengo es esta estúpida camiseta”

Esta imagen y otros muchos momentos de la película muestran por qué dije al principio que Beginners invita al tipo de reflexiones que he hecho aquí, pero lo más siggnificativo es sin duda este fragmento del cuento  Margery Williams Bianco (The Velveteen Rabbit or How Toys Become Real was):”

¿Qué es ser REAL?- preguntó el Conejo un día en que estaban los dos tumbados al lado de la chimenea del cuarto de jugar, antes de que Nana empezara a recoger la habitación. ¿Significa que tienes dentro algo que suena y que por fuera tienes un mango?

– Ser real no tiene que ver con la manera como uno está hecho- dijo el Caballo de Piel-. Es algo que te sucede. Cuando un niño te quiere durante mucho, mucho tiempo, y te quiere de verdad, no solo para jugar, entonces te convierte en REAL.

– ¿Y eso duele?- preguntó el Conejo.

– Algunas veces- contestó el Caballo de Piel, que siempre decía la verdad-. Pero cuando uno se hace REAL, no importa el dolor.

– ¿Y eso te sucede de repente, como cuando te dan cuerda, o poco a poco?- preguntó.

– No sucede de repente- dijo el Caballo de Piel-. Te vas convirtiendo lentamente. Por eso no les suele pasar a los que se rompen con facilidad, a quienes tienen el borde muy afilado, o a los que hay que tratar con mucho cuidado. Generalmente, cuando te has hecho REAL, ya casi no tienes pelo, has perdido los ojos, tienes las articulaciones flojas y estás muy usado. Pero nada de eso tiene ya importancia, porque cuando eres real no puedes ser feo, excepto para la gente que no comprende.

– Entonces, ¿tú debes de ser real, no?- dijo el Conejo, aunque enseguida se arrepintió de sus palabras, porque el Caballo de Piel podía sentirse molesto.

Pero el Caballo de Piel se limitó a sonreír.

– El tío del niño me hizo REAL- dijo-. Sucedió hace muchos años pero, una vez te has convertido en algo REAL, ya no puedes cambiar. Es para siempre.”

En este texto, que aprece en la película, se expresa con más claridad la esencia del personaje interpretado por Christopher Plummer, que a los 70, decide ser real y vivir sus últimos años de vida como homosexual. La historia se basa en la vida del propio guionista y director, Mike Mills, y su padre, que a los 75 años decidió vivir como gay.


[Escrito en 2012. Revisado en 2016]

 

 

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

Error: puede que no exista la vista de d52dd99cd0

The Host y la verosimilitud

En Las leyes del relato dije:

“El mismo espectador que acepta como verosímiles los viajes a la velocidad de la luz, un instituto para magos que existe en un plano paralelo al mundo ordinario o una extraña civilización llena de orcos, hobbits y elfos, no aceptará algo tan sencillo como que un hombre normal y corriente pueda arrojar a su enemigo al otro lado de la Quinta Avenida con sólo la fuerza de su brazo (Las paradojas del guionista, 75).”

Ahora bien, la cosa cambia si ese hombre normal y corriente ha recibido una descarga de rayos gamma y, en realidad, es la Masa.

Escenas de ese tipo se pueden ver en la adaptación cinematográfica de La Masa hecha por Ang Lee, y las aceptamos porque estamos viendo “una película de superhéroes”.

The host

Las películas de superhéroes tienen sus propias leyes de verosimilitud, que no coinciden con las de las películas realistas, como se explica en Las leyes del relato y en todo el capítulo Realidad y ficción.

Las películas de monstruos, o “con bicho” también tienen sus leyes, que no son las mismas del realismo, ni tampoco exactamente las de los superhéroes.

En las películas con bicho el único personaje que puede hacer lo que hacen los superhéroes y los supervillanos es el bicho. Los demás personajes se ajustan a las normas de un mundo realista en que las personas no pueden volar, ni trepar por las paredes ni lanzar bolas de fuego. A pesar de ello, los protagonistas son capaces de hacer cosas que ningún ser humano corriente podría llevar a cabo. Es difícil creer que nadie, por muy entrenado que esté, pueda sobrevivir a un monstruo como el de Alien, pero Sigourney Weaver lo consigue, porque los monstruos también se ajustan a las reglas y esperan más de la cuenta para liquidar a sus enemigos, dando así una oportunidad al héroe de escapar.

En la película coreana The host aparece un monstruo. Como se dice en la campaña promocional: “Primero fueTiburón, después Alien, ahora llega The host“. El espectador está, pues, advertido de que va a ver una película en la que las leyes de la verosimilitud aplicables al realismo no van a respetarse. Aquí sucederán cosas semejantes a las de Tiburón o Alien: la verosimilitud esperada es la del cine de bichos.

The host

 

Sin embargo, The host resulta inverosímil a muchos espectadores, cuyas expectativas quedan defraudadas. Y esto sucede porque la película es demasiado verosímil.

El error de la campaña de promoción ha sido crear la sensación de que se trataba de otra típica película de monstruos al estilo de Tiburón o Alien, en la que los héroes se ajustan con bastante exactitud a las leyes de la verosimilitud heroica: son ágiles, capaces de lanzar un arpón y clavárselo al monstruo a mucha distancia, tienen siempre balas en los rifles, o al menos, si se quedan sin balas, el monstruo se despista un instante; también tienen pequeñas debilidades, por ejemplo cierta afición al alcohol o al miedo, pero su compartamiento en acción es especialmente diestro.

the host

Si pensamos en Sigourney Weber en Alien, la recordamos con la mandibula apretada y la mirada fija, sudorosa pero decidida, con una clara apostura de heroína. No sucede lo mismo en The host. La familia protagonista es un desastre, se mueven como personas normales, torpemente; se equivocan una y otra vez, son estúpidos; las cosas raramente les salen de la manera prevista, no siempre les quedan balas y no siempre el monstruo se despista.

El monstruo también es un poco torpón. Es cierto que tiene una agilidad prodigiosa y se mueve en el agua con soltura, pero en tierra firme a veces se tropieza y corre como si fuera un gigantesco bebé, desacompasada y pesadamente. Bong Joon-ho se preocupó especialmente de que su aspecto fuera el de una posible mutación, rechazando los primeros bocetos en los que la criatura tenía un aspecto más monstruilmente agraciado.

The host

Lo que Bong Joon-ho parece haberse propuesto en The host es responder a la siguiente pregunta: “¿Qué sucedería si un monstruo nacido de una mutación provocada por la torpeza humana apareciera en el mundo real?”.

Sucedería, por ejemplo, que el monstruo no aparecería de manera sorpresiva, justo cuando el espectador estuviese ansioso y preparado para llevarse una sorpresa, sino que se presentaría a plena luz del día y delante de mucha gente; también podría suceder que la incompetencia de las autoridades fuese más peligrosa que el monstruo. Sucedería, en definitiva, que si una familia más bien tirando a torpe decidiese perseguir al monstruo, tendría que apañárselas de cualquier manera para conseguir un mapa del alcantarillado y las armas necesarias; y sucedería que a veces los responsables de sus desgracias serían ellos mismos.

Pero la novedad de The host no consiste tan sólo en contar los problemas que encontraría una persona, y no un personaje de película de bichos, que se enfrentase a un monstruo semejante. Eso es algo a lo que la segunda mitad del siglo XX nos ha acostumbrado con decenas de antihéroes, tanto en la literatura, como en el cine o el comic. Stan Lee y Jack Kirby transformaron en los años 60 y 70 el comic de superhéroes al crear personajes como Spiderman o Los Cuatro Fantásticos.

En las primeras aventuras de Spiderman, con guión de Stan Lee y dibujos de Steve Ditko, el superhéroe tenía terribles enemigos como el Lagarto, Octopus o el Duendecillo Verde, pero lo que verdaderamente interesaba al lector eran los problemas personales de Peter Parker, el muchacho que se escondía tras la personalidad de Spiderman: su vida con tía May, sus dilemas amorosos con Mary Jane y Gwen, sus problemas con su editor Jonah Jameson.

Lee y Kirby acentuaron aquella interesante esquizofrenia que ya se intuía en Superman y Clark Kent, pero que no había sido bien aprovechada. Posteriormente, esta manera de presentar a los héroes se ha convertido en un nuevo género, con obras tan extraordinarias comoWatchmen o Miracle Man.

Así que The host no es tan original en este sentido, el de mostrar desde un punto de vista más realista los problemas de los héroes, pero sí lo es en la manera de contarlo. La diferencia fundamental reside en el estilo. Cuando el inseguro, tímido y torpe Peter Parker se pone el traje de Spiderman, todo cambia: desde ese momento se comporta como un verdadero superhéroe, agil, fuerte y capaz, aunque de vez en cuando sus pensamientos nos revelen que no todo era tan brillante como parecía.

Spiderman

En esta página de Spiderman, Peter Parker se preocupa por los celos de Gwen, como cualquier muchacho, pero cuando “llega el momento de la acción” se pone el traje ajustado se convierte en un héroe. El traje, ya se sabe, transforma a un caballero y a un superhéroe.

Lo mismo sucede con las películas de monstruos: aunque nos muestren las debilidades de los héroes, cuando llega el momento de la acción, las cosas empiezan a suceder de manera diferente. La cámara magnifica sus movimientos, los estiliza, y todo sucede de una manera extrañamente sincronizada entre los héroes y los bichos.

Bong Joon-ho no hace eso. Mantiene la coherencia de estilo en todo momento, lo que no quiere decir que la película no sea tan deslumbrante desde el punto de vista técnico y estético como su obra maestra Memorias de un asesinato. Pero prescinde de los artificios del género y sólo los utiliza para burlarse de ellos, para seguirlos durante un instante y luego dar la vuelta hacia otro lado. Nunca olvida que su intención es mostrar qué sucedería en el mundo real, con personas reales, si un monstruo mutante llevara el caos y el miedo a Seul. Y tampoco deja de lado el humor o la crítica política, ni siquiera en los más terribles momentos.

Esa es su gran apuesta y lo que hace a The host una película distinta, pero también es su gran debilidad para muchos espectadores, pues estamos demasiado acostumbrados a la falsa verosimilitud de las películas de monstruos de Hollywood, en las que las cosas suceden siempre de manera épica y donde el humor apenas tiene cabida, excepto como bromas tópicas entre los personajes.

A esta decepción contribuye una campaña promocional que crea falsas expectativas, de las que es difícil librarse incluso a pesar de que Bong Joon-ho decide enseñarnos al mostruo enseguida, de manera casi casual y a plena luz del día, quebrando la primera regla de las películas de monstruos: la aparición inicial debe ser sorprendente y aterradora, y debe tener lugar tras una tensa e intrigante espera.

Así que una película puede resultar poco verosímil precisamente porque intenta contar las cosas de manera verosímil, pero sin ajustarse a la verosimilitud convencional propia del género de las películas de monstruos.

The Host

También se le reprocha a Bong Joon-ho usar el humor y el ridículo en los momentos menos adecuados, como en el primer funeral por las víctimas del monstruo. Sin embargo, es esta mezcla de tragedia y comicidad, de lo sublime y lo banal, de lo emocionante y lo chistoso lo que caracteriza a muchas grandes obras narrativas, las que van más allá del tópico y de las reglas convencionales. A Shakespeare también se le reprochaba:

“Los admiradores de este gran poeta nunca encuentran menos motivos para satisfacer sus expectativas de excelsitud que cuando aquél parece totalmente decidido asumirlos en la zozobra y ablandarlos con emociones tiernas recurriendo al declive de la grandeza, a los peligros de la inocencia o a los sufrimientos del amor. Nunca pasa mucho tiempo sin que un chiste fácil o un equívoco vulgar interrumpa sus momentos delicados y conmovedores. Tan pronto se pone en movimiento, se contiene, reprimiendo o destruyendo con repentina frialdad el terror o la piedad que estaban naciendo en el espíritu.”

Samuel Johnson, Prefacio a Shakespeare

La campaña de promoción debería incidir más en la novedad que supone The host, no porque sea un nuevo escalón en las películas con bicho, la siguiente etapa trasTiburón y Alien, sino porque es una manera nueva de contarlo.

Al ver The host uno se hace consciente de las convenciones que dominan su experiencia estética, de los códigos que nos condicionan inevitablemente. Por otra parte, como se explica en la paradoja del libro Antes del principio siempre hay algo, la errónea campaña de promoción muestra que a veces es mejor no tener expectativas que tener expectativas erróneas.

The host no respeta las convenciones del género, del mismo modo que Memorias de un asesinato no respetaba las del género policíaco y, tal vez por ello, se podría decir que no es una película “con bicho” aunque haya un bicho en ella.

Acerca de la relación entre verosimilitud y verdad, puedes leer la siguiente entrada, dedicada a la películaHana, de Hizoku Kore Eda, que es semejante, al menos en su intención a The host.

****************

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine: Cine y guión. Todas las entradas

ENTRADAS DE CINE 

Error: puede que no exista la vista de d52dd99cd0

Neuromarketing


Para quienes no hayan visitado últimamente los mensajes autopublicados, les cuento que han llegado dos mensajes nuevos de Jordi Torrent. En el último se cuenta una cosa interesantísima y quizá temible que se llama neuromarketing.

Al parecer, en la Universidad Emory de Estados Unidos están utilizando las imágenes de resonancia magnética del cerebro para descubrir cómo funciona el cerebro cuando duda si comprar algo o no.

El propósito, por supuesto, es encontrar la manera de hacer que la gente compre, encontrar el interruptor “Compra” dentro del cráneo. La cosa es inquietante y tiene evidentes semejanzas con los lavados de cerebro soviéticos o chinos pero aplicado ahora a vender más Coca Cola, que es precisamente uno de los clientes de Bright House, una agencia de publicidad que financia en parte el Instituto para las Ciencias del Cerebro de la Universidad Emory. Uno de los expertos del Instituto también lo es, precisamente, en el tema de adicciones.


[Publicado en 2003]

Todas las entradas de ciencia en Cuaderno de ciencia.

REVISTA ENTRE DOS MUNDOS

Una imagen vale más que mil palabras

Una imagen vale más que mil palabras. Una imagen de televisión 50.000 palabras. Aunque en la de 625 líneas vale: 625X625= 390.625 letras, a cinco letras por palabra, igual a: 78.000 aproximadamente.     ***** [pq80 aq95] Copyright protected by Digiprove © 2013 Daniel TubauSome Rights ReservedOriginal … Sigue leyendo

Leer Más
Neuromarketing

Para quienes no hayan visitado últimamente los mensajes autopublicados, les cuento que han llegado dos mensajes nuevos de Jordi Torrent. En el último se cuenta una cosa interesantísima y quizá temible que se llama neuromarketing. Al parecer, en la Universidad … Sigue leyendo

Leer Más
Brendan Dawes y Walter Murch, una historia de amor

Hay pocas cosas más hermosas que descubrir que dos personas que amas se aman entre sí. Esto me acaba de suceder con Walter Murch y Brendan Dawes. Walter Murch es un editor o montador y técnico de sonido que ha … Sigue leyendo

Leer Más
El otro mundo

El otro mundo es el mundo digital. Es un mundo que, como dijo Negroponte ya en el siglo 20, no está hecho de átomos, sino de bits. Es el mundo de los ordenadores, de Internet, e incluso de los teléfonos … Sigue leyendo

Leer Más
Derecho de cita audiovisual

Una breve defensa del derecho de cita audiovisual en el mundo digital   ◙◙◙ ◙◙◙ ◙◙◙ ◙◙◙ ◙◙◙ ◙◙◙ ◙◙◙ [El vídeo anterior no es el original, sino una versión resumida del  que publiqué por primera vez el 10 de … Sigue leyendo

Leer Más
Internet y la televisión

A menudo se ha comparado la televisión con Internet, lo que es bastante razonable. Se trata de dos medios de comunicación de masas, los dos dirigidos y accesibles a todo tipo de audiencias. El carácter de estas comparaciones ha sido … Sigue leyendo

Leer Más
La muerte del autor

Una constante de la nueva cultura alternativa es la insistencia en la muerte del autor. Tengo la intención de escribir un texto más extenso acerca del asunto, que titularé: “Un retorno a la Edad Media: la muerte del autor”, porque … Sigue leyendo

Leer Más
Los salones digitales

Hace unos días comparé los blogs y las páginas web con los antiguos salones (¿Son los blogs como los antiguos salones filosóficos?). Creo que es una comparación interesante, que permite acercarse mejor el mundo web, al contemplarlo desde un punto … Sigue leyendo

Leer Más
El cerebro auxiliar

La escritura supone un cambio en nuestra manera de relacionarnos con la realidad, porque permite que nos observemos a nosotros mismos. Las páginas web, los weblogs y en general todo el procesamiento de información gracias a los computadores nos permite … Sigue leyendo

Leer Más
Conocemos porque conocemos

El cerebro de cualquier persona adulta contiene más cosas de las que puede manejar. La cantidad de información que el cerebro de cualquier ser humano acumula en veinte o treinta años de vida es tan inmensa que ni él mismo … Sigue leyendo

Leer Más
El movil de McLuhan

Marshall McLuhan pensaba que cada nuevo medio, la televisión, el cine, la radio, la imprenta, cambia nuestra manera de relacionarnos con el mundo, pero que también transforma los antiguos medios. Además, supone una extensión o un nuevo uso de alguno … Sigue leyendo

Leer Más
Hamlet en la holocubierta y Janet Murray

Marshall McLuhan predijo en el siglo XX muchos de los cambios que estamos presenciando, cuando se refirió a la trasformación que estaba teniendo lugar entre una civilización basada en los libros, la galaxia Gutemberg, y otra electrónica, la galaxia Marconi, … Sigue leyendo

Leer Más
Rudimentos de Prognóstica Aplicada

En Maneras de predecir el futuro… o el pasado hablé de los trucos para predecir el futuro, que en realidad suele tratarse de una predicción desde el presente, pero atribuida a profetas imaginarios, como sucede en la lectura del sueño de … Sigue leyendo

Leer Más
El futuro ya está aquí

Páginas que tienen relación con el mundo digital, el desarrollo de los ordenadores y la inteligencia artificial y todo lo relacionado con aquello que hace no mucho era el futuro de la ciencia ficción y que hoy es el presente. … Sigue leyendo

Leer Más
Pescando en internet

Solemos pensar en internet como una ventana o muchas ventanas. El sistema operativo Windows se nutre de esa metáfora abierta a un mundo casi infinito. También comparamos internet con una autopista de la información, que recorremos a toda velocidad, en … Sigue leyendo

Leer Más
¿Son los blogs como los antiguos salones filosóficos?

Los blogs son muchas cosas y no son ninguna. Pero es posible que sean, o que algunos blogs sean, una actualización de los antiguos salones. Esto me parece fantástico, porque yo creo que mucha de la mejor filosofía no se … Sigue leyendo

Leer Más
Los ordenadores y el ajedrez

AJEDREZ

Richard Dawkins, en su libro El gen egoísta, vaticina que un programa de ajedrez llegará a batir al campeón del mundo y que ello será un necesario baño de humildad para la humanidad. Yo creo que sí, que el campeón humano … Sigue leyendo

Leer Más
El cine del futuro

Creo que con el tiempo en el cine irán apareciendo más versiones de un mismo guión. Lo que se llama remakes, pero no de la película, sino del guión. Eso tal vez haga que se empiece a hablar de ciertos … Sigue leyendo

Leer Más
La vorágine

“Todo eso se agravó más tarde con el peor de los síntomas: la vorágine”. Ántal Szerb En Tsurezuregusa, uno de mis blogs, diario, bitácora o cuaderno digital, dudaba cómo llamar a estos textos digitales o electrónicos que ahora lees. Decidí … Sigue leyendo

Leer Más
Trivial Language

Un ejemplo de las prácticas abusivas de la Corporación Trivial Language en su afán por legislar el lenguaje cotidiano La historia de la Corporación Trivial Language se incluye en “El registro universal”, uno de los relatos de Recuerdos de la … Sigue leyendo

Leer Más
¿Cómo debe ser una página web?

Hay millones de páginas en Internet y cientos de miles de Weblogs. Son muchos los que han advertido acerca de esta proliferación en la que junto a cosas interesantes, útiles o hermosas se mezcla todo tipo de basura y ruído. … Sigue leyendo

Leer Más
Por qué el futuro ya está aquí

El teleordenador “El desarrollo de los ordenadores personales ocurre tan deprisa que la futura televisión de arquitectura abierta es el ordenador, y no hay vuelta de hoja. El aparato receptor será como una tarjeta de crédito que al introducirla en … Sigue leyendo

Leer Más
Ordenadores y PES

  Un ordenador podría ganar en PES (Percepción extrasensorial) a un medium sin demasiada dificultad (2010). No sé a qué me refería exactamente. Supongo que tiene relación con el test de Turing. Pero también puede que me refiriese a que un … Sigue leyendo

Leer Más
Esto no es una página web (y otras paradojas)

A muchos, el título de esta entrada les sonará a paradoja. Otra paradoja al estilo de aquel ensayo que tanta polémica causó en su primera edición: Por qué el mundo digital no es digital. Es posible que los lectores también … Sigue leyendo

Leer Más
Xanadú y el algoritmo de Google

Hace unos días (marzo de 2005), Google anunció que iba a modificar su algoritmo de búsqueda. El algoritmo de búsqueda son las instrucciones que permiten a Google rastrear la red mundial y ofrecer a quienes lo consultan unos resultados asombrosamente … Sigue leyendo

Leer Más