Nombres que se repiten en chino

En China es frecuente que haya muchas personas con el mismo nombre. Esto se debe a varias razones.

Por un lado, la mayoría de las palabras son monosilábicas, aunque ahora se tiende a construir polisílabos.

Además, hay un número limitado de sílabas posibles: no es válida cualquier combinación de letras para formar una sílaba. Así, todas las palabras terminan en vocal, en n o en g. Eso hace fácil darse cuenta de inmediato de que una palabra que parece china en realidad no lo es, por ejemplo si termina en r o s.

En castellano también hay finales imposibles, pero son menos.

Casi imposibles son en español las palabras terminadas en x. Una feliz coincidencia quiso que una de ellas fuera fénix, animal venerado en China, la palabra que designa a un animal casi único, lo que le da un doble sentido a la llamada rima fénix o palabra fénix, que se refiere a las palabras que no tienen rima consonante. Otra coincidencia refuta la anterior en el nombre de Felix Lope de Vega: “Felix, el fénix de los ingenios”, que hace fácil construir rimas felices para celebrar el talento también casi único del dramaturgo y poeta del siglo de oro.

Creo que existen pocas palabras terminadas en b, y casi todas importadas como baobab (a las que ahora quizá haya que añadir secleb y web).

En t hay muy pocas y creo que la mayoría son apellidos procedentes de otras lenguas españolas, como el catalán: Isbert, Gisbert… Pero no hay que olvidar cénit.

En j tal vez sólo carcaj y herraj.

En m pocas también, como harem (aunque se prefiere harén).

Otras letras que se encuentran poco en castellano como final de palabra son: f(rosbif), g (zigzag), h (que no es sonido), k, como volapuk (¿existe alguna puramente castellana?), p, q y v.

Volviendo al chino, aunque existen unos 700 nombres diferentes en China, se suelen usar unos veinte.

Por cierto, no hay que confundir los nombres con los apellidos: en China se escribe primero el apellido y después el nombre: el nombre de Mao Zedong era Zedong y su apellido Mao. Por eso, lo correcto es llamarle Mao.

En definitiva, en China es muy frecuente encontrar a personajes de la misma o de diferente época que se llaman igual. Un ejemplo del que hablaré pronto es Xu Wei.

Para saber qué palabras existen terminadas en las distintas letras del alfabeto lo más útil es un diccionario inverso. El diccionario inverso es la herramienta de los poetas rimadores (hoy se rima menos que antes, lo que es una marca de época semejante a las que comento en la siguiente entrada). En la extraordinaria página de Jose Antonio Millan (JAM) hay una sección interesantísima dedicada a los diccionarios, en la que se comentan diccionarios de todo tipo, algunos increíbles. Allí se ofrecen varias referencias a diccionarios inversos.


[Publicado el 25 de septiembre de 2005]

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Charlotte Perkins Gilman

En su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica), escrito en 1911, Charlotte Perkins Gilman argumenta de manera muy poderosa en contra de la discriminación sexual y el sexismo. En Perkins Gilman y lo humano hablé de este ensayo, pero ahora sólo pretendo hacer una muy breve semblanza de Perkins Gilman.

Charlotte Perkins Gilman fue víctima esa cultura androcéntrica cuando, tras sufrir depresiones después del nacimiento de su hija Katherine, visitó a un médico que le recomendó no leer nada, no escribir nunca y permanecer el resto de su vida al cuidado de la casa y de su hija. El remedio fue peor que la enfermedad y Perkins Gilman acabó hundiéndose en una depresión tremenda, que trasladó a su novela El papel pintado amarillo, porque ese papel pintado era lo único que veía allí, encerrada en casa.

Tiempo después, Perkins Gilman se divorció de su marido y se casó con George Houghton Gilman, quien estaba a favor de la igualdad de la mujer y que siempre la ayudó en sus proyectos de escritora y activista. Comenzó a editar una revista mensual de 32 páginas llamada The Forerunner, en la que ella era la autora de todos los contenidos: artículos, novelas por entregas, información, y supongo que incluso las ilustraciones, pues también era dibujante y profesora de dibujo.

En 1932 le diagnosticaron un cáncer incurable y poco tiempo después se suicidó:

“Ninguna aflicción, dolor, desventura o «pena del corazón» puede excusar el poner fin a la propia vida cuando todavía nos queda alguna capacidad de servicio. Pero desaparecida ya toda posibilidad de ser útiles, y ante la certeza de una muerte inevitable e inminente, el más elemental de los derechos humanos es escoger una muerte rápida y fácil en vez de una lenta y horrible agonía… yo he optado por el cloroformo frente al cáncer”.


[Publi­cado el 2 de febrero de 2005  Monadolog]

En 2011 se hizo una adaptación de la novela      El papel pintado amarillo al cine.


Charlotte Perkins Gilman

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EL RESTO ES LITERATURA

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La anaconda china

 

La represión de la libertad de expresión ha conocido diversas etapas en la china comunista, todas ellas terribles. Una de ellas tuvo lugar en 1956, y se llamó el Movimiento de las Cien Flores. Durante esa época Mao Zedong alentó la crítica bajo el lema: “Que se abran cien flores y compitan cien escuelas”. Muchos intelectuales se pronunciaron abiertamente contra el Partido Comunista y contra el propio Mao. Una vez conocidos los opositores, Mao pudo eliminarlos sin piedad, o enviar a más de 700.000 a centros de reeducación.

Perry Link señala que Cao Guanlong contaba en una de sus historias, publicada en 1980, que en los años de Mao, y especialmente durante la Revolución Cultural, una persona podía ser perseguida o detenida por hablar con su vecino acerca de su gato. La palabra gato (mao) se pronuncia casi igual que la del Líder Supremo (Mao), aunque variaba ligeramente en el tono. Si un policía confundía un tono con el otro, podía tomarse como un insulto y complicarle seriamente la vida. Seguramente se trata sólo de una parodia, pero no parece un reflejo ni mucho menos distorsionado de las paranoias de Mao Zedong.

Tras la muerte de Mao y la represión de la revolución de Tiananmen por su sucesor Deng Xiao Ping, la censura ha adoptado un disfraz menos sanguinario, aunque todavía es está ahí, a veces casi oculta. Perry Link publicó en 2002 un interesante artículo acerca de la manera en la que el Partido Comunista Chino reprime a los disidentes e impide las voces discordantes con el régimen.

Link propone una imagen que ha para definir al poder represor chino, la de una anaconda enroscada en una lámpara. ¿Por qué esa imagen?

anaconda

En primer lugar, Link compara el comunismo chino con el soviético y señala ciertas diferencias. Los soviéticos publicaban listas de palabras que estaba prohibido emplear en los periódicos, y se destinaba a una amplia burocracia para que supervisara tales órdenes. Los dirigentes chinos, sin embargo, prefirieron una censura menos precisa y, por ello, más difícil de esquivar. Nunca estaba ni está del todo claro qué es lo que se puede decir y qué es lo que se debe evitar.

La vaguedad de las acusaciones contra los disidentes hace que estos nunca estén seguros del terreno que pisan. Link señala varias ventajas de la indeterminación.

  • Una acusación vaga asusta a más gente.

Si yo soy un estudiante chino que resido en el extranjero y veo que la estudiante Gao Zhan fue arrestada al regresar a China, pero no sé exactamente de que ha sido acusada, entonces el motivo puede ser cualquier cosa imaginable. De este modo, uno comienza a autocensurarse. La vaguedad, dice Link, sirve para intimidar a un gran número de personas a la vez.

  • La indeterminación hace que una misma ley o situación pueda ser interpretada de diferentes maneras por el Partido.

La propia Constitución china da pie a interpretaciones diametralmente opuestas: se afirma en ella que los ciudadanos tienen libertad de expresión, de reunión y de prensa, pero enseguida se dice que el control por parte del Partido Comunista es inviolable, así como que el llamado pensamiento marxista-leninista-maozedongista, la dictadura del proletariado y el sistema socialista son indiscutibles.

“¿Quién puede decir que significa exactamente “contaminación espiritual”, “liberalismo burgués” o el resto de conceptos que el Partido utiliza para definir el mal comportamiento social? Por poner un ejemplo: ¿llevar el pelo largo es una contaminación espiritual?, ¿cómo de largo?, ¿por qué en los años ochenta algunas personas con el pelo largo fueron castigadas y otras no?”

Por eso, dice Link, la censura del gobierno chino no se parece a un tigre devorador de hombres o a un dragón que escupe fuego, sino a una anaconda agazapada en una lámpara:

“Normalmente la gran serpiente no se mueve. No tiene por qué. No tiene ninguna necesidad de establecer claramente sus prohibiciones. Su constante y silencioso mensaje es: “Tú mismo decides” (…) La noción estalinista de “ingeniería del alma” no puede compararse ni de lejos con la sutileza conseguida por los comunistas chinos en el terreno de la ingeniería psicológica (…) De este modo, vemos hasta qué punto la anaconda en la lampara puede proteger su poder.”

Incluso los extranjeros que visitan China no tienen claro qué es lo que pueden contar… si es que quieren recibir un nuevo visado en el futuro. Cualquier sinólogo extranjero sabe que no puede alejarse mucho de estas reglas no escritas si quiere seguir gozando de la posibilidad de viajar a China y consultar sus archivos. El propio Link admite que se ve obligado a autocensurarse, porque no sabe si la anaconda ya le ha visto y está esperando su próximo movimiento.

Recientemente hemos tenido ocasión de comprobar de nuevo los imprevisibles movimientos de la anaconda china con tres disidentes chinos: el premio nobel de la Paz Liu Xiaoboo, que permanece en prisión, el artista Ai Weiwei, que fue encerrado acusado de delitos fiscales y pornografía, pero luego liberado, aunque mantenido bajo arresto domiciliario, y más recientemente el activista ciego  Chen, que se refugió en la embajada de Estados Unidos, al que el gobierno chino anima ahora a pedir un permiso para estudiar en el extranjero. La pregunta es: ¿se lo concederá?, ¿le dejará regresar si se va?, ¿le meterá en prisión cuando todos nos hayamos olvidado de él?

Por eso no es extraño, supongo, que historiadores como Gernet o Short mantengan una ambigüedad en ocasiones vergonzosa en sus libros, y que incluso lleguen a considerar un mal necesario el período maoísta, algo que más o menos coincide con la visión que quiere trasmitir el régimen actual: por una parte son herederos de uno de los peores enemigos de Mao (su sucesor Deng Xiao Ping) y han renegado de todas las ideas de Mao, excepto la de que el Partido Comunista se mantenga en el poder; pero, por otro lado, saben que lo único que actualmente justifica su poder dictatorial es el culto póstumo a Mao, y por eso, cuando en 1980 dejaron de mostrarse en la Plaza de Tiananmen los gigantescos retratos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, se mantuvo, sin embargo, el retrato de Mao.

El último intento de sustituir el culto a Mao y recuperar el culto tradicional a Confucio, tuvo lugar cuando se instaló en 2011 una estatua del pensador frente al gigantesco retrato de Mao en la Plaza de Tiananmen, pero el intento fracasó y la estatua fue retirada, sin que se explicaran las razones, aunque sin duda se debió a las presiones de la vieja guardia del Partido.

Confucio en su breve estancia en Tiananmen


[Primera versión en 2006 en Anacrónico]

Si quieres leer (en inglés) el artículo de Link: The anaconda in the chandelier


Todas las entradas sobre china, aquí: CHINA

MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

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Mao, Stalin y Hitler y otras comparaciones

Alguien me dirá al ver el título de esta entrada: “No se puede comparar a Mao (o a Stalin) con Hitler”.

Esa es una estratagema a la que me fatiga responder. Casi siempre sirve tan sólo para justificar a Mao y a Stalin, como lo hizo en una ocasión Eduardo Haro Tecglen al escribir una opinión más vergonzosa que falsa: no se pueden comparar los millones de muertos de Hitler y los de Stalin, decía Haro Tecglen, debido a “la diferencia de finalidades y por la condición de las víctimas”.

La falsedad del sofisma anterior no es que sus objetivos fueran o no diferentes o que lo fueran sus víctimas, sino el hecho indudable de que el “no se puede comparar” quiere decir que lo que hicieron Mao y Stalin no fue en sí mismo espantoso.

mao

Mao en el museo de cera de Pekín. A mí me parece que los artistas del museo han mostrado a Mao mucho menos atractivo que a su rival Liu Shao Qi, aunque quizá me equivoco. También se puede hacer política con las figuras de cera.

Es cierto que hay comparaciones más atinadas y otras que pueden resultar ofensivas para las víctimas, como comparar la brutal e incluso fascista política de Israel con lo que fue el holocausto, la dictadura de Castro con la de Stalin, o la de Pinochet con la de Mao. En tales casos, la desproporción hace que la comparación sea casi un insulto, e incluso puede ser contraproducente para quienes quieren señalar los verdaderos crímenes de Pinochet, Castro o Israel.

Ahora bien, en el caso de Mao, Hitler y Stalin, las similitudes y la magnitud desmesurada del asesinato permiten y alientan la inevitable comparación. No con la intención de disminuir o agravar el crimen de unos u otros, sino como ejemplos de asesinato de masas a escala gigantesca y de dictaduras y sistemas de exterminio organizado pocas veces igualados a lo largo de la historia.

Ahora bien, es cierto que en este caso la comparación presenta una especial dificultad, porque no sabemos qué es lo que hicieron exactamente Mao y Stalin, pero sí sabemos con bastante precisión lo que hizo Hitler. Como suele decirse, la historia la escriben los vencedores y en China y Rusia siguen gobernando los mismos que cometieron esos crímenes, o sus herederos.

Por tanto, para no caer en el error de justificar a cualquiera de estos tres dirigentes sanguinarios, podemos establecer comparaciones más sencillas: Mao y Stalin comparados con Franco, con Pinochet o con Mussolini. Evidentemente, de esas comparaciones salen beneficiados en lo cuantitativo Franco, Pinochet y Mussolini, quienes ni de lejos pudieron matar y torturar a tanta gente como Stalin y Mao. Pero eso no hace mejores a esos tres dictadores, ni menos repugnantes sus crímenes.

En consecuencia, se pueden hacer todo tipo de comparaciones, a veces para clasificar los crímenes contra la humanidad en una escala puramente cuantitativa, otras veces para mostrar los métodos de unos u otros, la condición de las víctimas o los objetivos de unos y otros, pero lo que resulta mezquino, demagógico y cómplice con el crimen es la comparación exculpatoria y el suponer que alguien no es un criminal porque hay otro que le ha superado en número de víctimas o que no lo es por que sus víctimas eran diferentes, es decir “porque esas victimas se lo merecían”, que es, en definitiva, lo que estaba diciendo Haro Tecglen.


[Publicado en 2005]


MAOÍSMO Y COMUNISMO CHINO

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En el Santoral Revolucionario se exploran los aspectos más religiosos del comunismo revolucionario: los profetas, los fundadores, las promesas de redención y la iconografía de la que para muchos ha sido la religión del siglo XX.

El mandato del cielo

En la antigua China se consideraba que los emperadores obtenían su legitimidad del Cielo, de manera bastante semejante a como en la Europa cristiana la obtenían de aquel Dios que estaba “en los cielos”. Como dice Ana Aranda en “La modularidad china”:

“La permanencia de una dinastía está refrendada por el ‘Mandato del cielo’ (Tianming). El cielo (Tian) permite a los emperadores gobernar, sólo si administran de forma acertada el poder. Si el gobierno entra en decadencia, los emperadores pierden el mandato del cielo”.

De todos modos, la idea china del “Mandato del Cielo” era un poco más compleja que la simple afirmación de que el Cielo decidía qué dinastía o emperador debía reinar. Para seguir gozando del mandato del cielo un emperador debía cumplir ciertos requisitos. No se trataba de algo tan caprichoso como la voluntad de un Dios inescrutable o de la predestinación.

 Uno de los aspectos más importantes del mandato del cielo tenía era la justicia y el bienestar del pueblo. Kung Zi (Confucio) y su discípulo Meng Zi (Mencio) justificaron en sus escritos la rebelión contra aquellos monarcas que se separasen del mandato del cielo. Meng Zi justificó incluso el tiranicidio:

“Si los diferentes príncipes reinantes, por la tiranía que ejercen sobre el pueblo, ponen en peligro los altares de los espíritus de la Tierra y de los frutos de la tierra, entonces el Hijo del Cielo los despoja de su dignidad y los reemplaza por príncipes sabios.” (Meng Zi)

La cosa no es tan extraña si pensamos que en el pensamiento cristiano medieval también se admitía esa posibilidad, la del tiranicidio de un rey injusto. Así lo hace, por ejemplo, Juan de Salisbury en su Policraticus:

“De todo lo cual resultará fácil ver que siempre fue permitido adular y embaucar a los tiranos, y que siempre fue honesto quitarles la vida, si no se les podía poner coto de otro modo”

En la historiografía china era habitual describir al último emperador de una dinastía como desastroso, para así justificar el cambio de dinastía a causa de la pérdida del mandato del cielo. Por el contrario, el primer emperador de una nueva dinastía siempre era estupendo. Todas las dinastías empiezan bien porque tienen el mandato del cielo, y todas acaban mal, porque lo han perdido, esa es la tautología más célebre de la historiografía china.

Wu Zetian

La única emperatriz china, Wu Zetian, fue la primera y última de su dinastía, la Zhou, por lo que se la podía considerar enviada por el cielo y también, rechazada por el cielo. Los historiadores chinos tradicionalmente se han decantado por la segunda posibilidad y la han presentado con los más oscuros colores, aunque actualmente esta opinión es muy discutida.

¿Y cómo se sabía si un emperador había perdido el mandato del cielo?

Generalmente gracias a los desastres naturales, que eran las señales que enviaba el cielo.

Cuando sucedían los desastres naturales, eso podía significar que había que cambiar de dinastía o de soberanos.

El más terrible terremoto del siglo XX tuvo lugar en China en 1976, pocos meses antes de la muerte de Mao Zedong, por lo que muchos consideraron que anunció el gran cambio que se produjo en China a la muerte del Gran Timonel, que culminó con la elección como líder supremo del Pequeño Timonel, Deng Xiaoping, al que los historiadores consideran el verdadero artífice de la modernización china y de su previsible conversión en primera potencia mundial, tras los desastres de la época maoísta. No negaré que que yo comparto esa opinión.

Deng Xiaoping

Deng Xiao Ping era uno de los enemigos de Mao Zedong, pero fue también uno de los pocos que logró sobrevivir a sus purgas, porque todos en el Partido Comunista, incluido Mao, sabían que era el único capaz de arreglar los sucesivos desastres económicos causados por los caprichos y políticas insensatas de Mao.

Los desastres naturales en Myanmar (antigua Birmania), un país gobernado por una Junta Militar que sólo tiene el apoyo decidido de China, y los más recientes en la propia China, poco después de la represión en Tibet, han hecho a muchos pensar que los actuales dirigentes han perdido el Mandato del Cielo y que se avecinan cambios importantes.

La verdad es que no hay nada más fácil que prever que se produzcan cambios en China, por la sencilla razón de que se están produciendo constantemente. Ahora mismo, cuando escribo este artículo en 2005, por causa de los Juegos Olímpicos.

Sea como sea, no parece nada razonable la manera en la que el Cielo avisa al pueblo chino y a los emperadores de la necesidad de un cambio. Si el Cielo desautoriza a los dirigentes que no gobiernan bien a su pueblo, ¿por qué lo hace maltratando aún más al pueblo mediante desastres como un terremoto?

Lo razonable sería que castigase tan sólo al dirigente, como hizo durante la dinastía Ming, el 9 de mayo de 1421, cuando un gran incendio destruyó la Ciudad Prohibida:

“Esa noche…cayó un relámpago en lo alto del palacio que había sido construido recientemente por el emperador. El fuego que se inició en el edificio lo envolvió de tal manera que parecía como si dentro se hubieran encendido cien mil antorchas cargadas de aceite y mecha.”

El propio trono imperial quedó reducido a cenizas y el emperador Zhu Di se fue al templo a rezar y lamentarse:

“El Dios del Cielo está enfadado conmigo, y, por tanto, ha quemado mi palacio, aunque yo no he cometido ninguna mala acción… Quizá se ha cometido alguna trasgresión de la ley ancestral, o alguna perversión de los asuntos de gobierno… Quizá los castigos y los encarcelamientos han sido excesiva o injustamente aplicados a los inocentes… En mi confusión no puedo encontrar la razón.”

Zheng He

El almirante Zheng He, que navegó en gigantescos barcos a tierras lejanas (se discute si descubrió América en 1421). Cuando regresó a China, cargado de tesoros y novedades, descubrió que la política de apertura y descubrimiento había acabado y que China iniciaba un período autárquico y aislacionista, de espaldas al mar. De este modo, China, que entonces estaba tal vez a punto de convertirse en la primera potencia mundial, comenzó su larga decadencia.

El emperador fue a partir de entonces de mal en peor, hasta que murió en mitad de una desastrosa expedición militar. Su hijo, nada más acceder al trono, proclamó un decreto mediante el cual señalaba la causa del enfado del Cielo: las expediciones navales alrededor del mundo del almirante Zhen He.

Sin embargo, bajo los truenos celestes, a mí me parece escuchar el rumor de las pisadas de los mandarines, que se oponían a una China abierta al exterior y cosmopolita. Por eso, yo creo que hay que entender la metáfora que los historiadores emplearon para describir el incendio de la Ciudad Prohibida, no como una metáfora, sino como una descripción literal de lo que realmente sucedió:

“De tal manera que parecía como si dentro se hubieran encendido cien mil antorchas cargadas de aceite y mecha.”

¿Encendieron los mandarines esas cien mil antorchas?

*******

[Publi­cado el 27 de sep­tiem­bre de 2005 en Mundo Flotante]


Un ejemplo reciente de cómo en la Iglesia católica también se recurre al Cielo para justificarse, pero cómo, sin embargo, después se hacen oídos sordos a sus avisos, lo tuvimos recientemente con la visita de Benedicto XVI a Madrid: ¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

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Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1

He hablado en otro artículo de Charlotte Perkins Gilman y de su novela utópica Dellas (Herland). Dije entonces que aunque es lógico considerarla una escritora feminista,  ella tenía razones para no aceptar esa calificación. Esas razones no las ofrece en Dellas, sino en su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica).

El ensayo empieza de manera deslumbrante contándonos cosas acerca de las ovejas. No suele considerarse razonable, dice Gilman, que nos comportemos como ovejas, es decir que sigamos fielmente a nuestros líderes hasta el abism, pues, como decía Séneca: “El hombre sabio ha de ir a donde hay que ir no a dónde se va, como hacen las ovejas”. Pero Perkins Gilman nos explica que las ovejas no piensan por sí mismas porque han desarrollado un instinto gregario debido a ciertas circunstancias:

“Este instinto, se nos dice, fue desarrollado a lo largo de años de vida en laderas escarpadas, barrancos, estrechos balcones sobre precipicios, con inesperadas esquinas y obstáculos, de tal modo que sólo el líder [la oveja que iba delante] sabía dónde y cómo pisar. Si las que iban detrás hacían exactamente lo mismo, sobrevivían. Si se paraban a ejercitar su pensamiento independiente, caían y perecían, ellas y su pensamiento con ellas”. [1]

Después habla Perkins Gilman de otros animales, como los carneros, las cabras, los búfalos y los antílopes, y de los vocablos que se emplean en inglés para describirlos: curiosamente, cuando tienen cuernos es un sustantivo masculino. En castellano me parece que no se da una correspondencia tan exacta, o tal vez sí. Pero lo más interesante no es eso, sino que esos cuernos suelen ir unidos a instintos beligerantes, agresivos y violentos. No es que se trate de una relación de causa efecto ni de un chiste fácil acerca de los cuernos y la infidelidad, sino que da la impresión de que la agresividad se da más en los machos, mientras que en las hembras se observa casi siempre lo que se conoce como instinto maternal.

Hasta aquí Perkins Gilman parece encaminarse hacia las ideas sexistas basadas en la biología tan de moda hoy en día, o anticiparse a ellas, pues escribió su ensayo a principios del siglo XX. Sin embargo, enseguida aclara: “En nuestra especie todo esto cambia”. Se insiste tanto, dice, en las diferencias entre los hombres y las mujeres, que se piensa poco en qué consiste ser “humano”.

La pregunta entonces es: ¿hay algo que caracterice a los hombres y a las mujeres en tanto que seres humanos, del mismo modo que se puede decir que existe algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas, y no en tanto que ovejas machos y hembras?

Continuará…


[Publicado el 6 de febrero de 2004. Revisado en 2017]


Charlotte Perkins Gilman

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  1. [1]“This instinct, we are told, has been developed by ages of wild crowded racing on narrow ledges, along precipices, chasms, around sudden spurs and corners, only the leader seeing when, where and how to jump. If those behind jumped exactly as he did, they lived. If they stopped toexercise independent judgment, they were pushed off and perished; they and their judgment with them”.

Mansiones Chungking

 

Mi dedo señala las mansiones Chungking

 

Mi pensión en Hong Kong está en las Mansiones Chungking, el lugar en el que Wong Kar Wai rodó Chungking Express.

Es un lugar difícil de describir, un edificio inmenso, pero que en Hong Kong es sólo uno más, en el que hay decenas, tal vez incluso hasta cien pensiones y hoteles que llenan su más de veinte pisos. Para subir a las pensiones hay que tomar unos ascensores destartalados en los que hay gente esperando casi a cualquier hora del día o de la noche. Unos encargados vestidos de uniforme, agotados, casi exhaustos, se encargan de indicar quienes deben subir en cada ascensor, a veces con brusquedad, porque algunas personas intentan colarse. Los guardias tienen cara de pocos amigos. Algo muy comprensible, porque muchas de las personas que transitan por allí dan bastante miedo, o al menos te causan un cierto respeto. Supongo, sin embargo, que, como suele pasar en estos casos, las mansiones Chungking será uno de los lugares más seguros del mundo.

En las guías de viaje recomiendan que subas a tu pensión directamente y que no hagas caso a nadie de los que te ofrecen a cada paso cualquier cosa imaginable.

Lo más increíble de las mansiones Chungking no es el que se concentren en su interior más pensiones por metro cuadrado que en cualquier otro lugar del planeta, ni que cada una de esas pensiones tenga cuartos de también un metro cuadrado, que son como un armario en el que un ventilador a toda potencia tiene que estar permanentemente conectado para que no te deshagas en el calor pegajoso y asfixiante. No, lo más asombroso es el interior mismo del edificio, que es como una plaza interior inmensa llena de edificios y tiendas, incluso un mercado central. Algunas de las tiendas son minúsculas, otras se desparraman contra las paredes, supongo que alguien podría vivir años en las mansiones Chunking, sin salir nunca al exterior. Todo lo que se ve en la película de Wong Kar Wai, que uno pensaría que son diferentes lugares de Hong Kong, está en realidad no fuera, sino dentro del edificio. Allí es donde, me doy cuenta ahora, trascurre toda la película.

(Escrito en Hong Kong, 6 de junio de 2011)

Krazy Kat y el pato de Pekín

Una historieta de Krazy Kat creada por George Herriman, en esta ocasión con el pato chino Mr. Mock Duck.

Es interesante observar que el chiste, como suele suceder en las historietas de Herriman, ofrece varias lecturas. Por una parte, esta el equívoco clásico que se produce cuando se pregunta qué es lo que pone en un cartel en otro idioma. En realidad, lo que se quiere saber es cuál es la traducción. Pero Mister Mock Duck, el pato, lo que le dice a Krazy es lo que pone en chino. Krazy se queda como si nada, mientras que alguien más sensato que Krazy esperaría obtener la traducción.

Por otra parte, es también absurdo que Krazy Kat pueda saber si lo que dice Mock Duck es lo que pone en el cartel, puesto que no sabe qué es lo que pone en el cartel. Además, como el lector atento habrá observado, lo que dice el pato NO es lo que pone en el cartel. No se trata de los mismos carctaeres. Alguien que conociera las particularidades del idioma chino, sin embargo, sabría que no es absurdo que las palabras del pato no se correspondan con las del cartel y sin embargo sí signifiquen lo mismo. ¿Por qué? Porque los caracteres del idioma chino se escriben del mismo modo en toda China (excepto Taiwan) pero no se pronuncian igual. En tiempos de Herriman, además, se escribían igual en toda China. Una persona de Pekín y otra de Cantón pueden leer el mismo periódico y sin embargo ser incapaces de entenderse entre sí. En consecuencia Mister Mock Duck podría ser un pato chino, pero no un pato de Pekín, sino de Shanghai o de Cantón. En tal caso, Herriman podría estar indicandonos de algún modo que el cartel está escrito en chino mandarín, pero que Mo Duck es un pato que lee chino, pero que lo lee en mandarín pero lo pronuncia cantonés. Esto nos llevaría a un tema muy complejo, porque para hablar en cantonés Mock Duck estaría empleando también caracteres chinos como los del mandarín (pero no exactamente los mismos caracteres que aparecen en el cartel), y sin embargo lo pronunciaría de otra manera, algo que, curiosamente, no sería imposible desde un punto de vista teórico, porque los caracteres chinos también pueden servir para indicar un sonido, no un significado. En cualquier, caso, algunas de estas interpretaciones sin duda no fueron buscadas por Herriman, pues hay que señalar que los signos empleados, tanto los del cartel como los del diálogo de Mock Duck, no son caractereres chinos, al menos que yo conozca, sino que parecen más bien una escritura imaginaria que pretende ser china. A no ser que se trate de caracteres nuevos del cantonés (en cantonés a veces se crean nuevos caracteres escritos distintos de los comunes con el mandarín) o de otra lengua sinítica, como el hokkien, lengua hablada en Taiwan y otros lugares, que también tiene algunos caracteres escritos propios, o tal vez una lengua viet o thai o similar.


Puedes ver más tiras de Krazy kat en Coconino World

[Publi­cado el 27 de sep­tiem­bre de 2005 en Mundo Flotante]

TODO EL COMIC

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Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Charlotte Perkins Gilman nació el 3 de julio de 1860 en Hartford, Connecticut.

1

Charlotte Perkins Gilman tiene cierto parecido con mi madre, Victoria (y también conmigo)

Es considerada una escritora feminista, aunque ella rechazaba esa etiqueta. Las razones de Perkins Gilman para no considerarse feminista eran muy razonables, pero también hay buenas razones para considerar que sí lo era, del mismo modo, por ejemplo, que podemos considerar a Mark Twain un escritor abolicionista, puesto que estaba en contra de la esclavitud. Perkins Gilman también estaba en contra de la esclavitud o servidumbre de la mujer, así que es razonable que aparezca en la lista de aquellos que finales del siglo XIX y principios del XX lucharon por los derechos de las mujeres. Otros feministas de la época fueron Bertrand Russell y John Stuart Mill. Cualquier persona razonable debería haberlo sido, pero la verdad es que muchas personas inteligentes y razonables no sólo no se unieron a una de las mayores y más justas revoluciones sociales que han tenido lugar, sino que se alinearon en su contra. Esa es una buena muestra de cómo los prejuicios de nuestra época y nuestra sociedad (lo que Francis Bacon llamaba “los prejuicios de la tribu”) pueden afectarnos sin que ni siquiera seamos conscientes de que se trata de prejuicios, pues hoy en día nadie en su sano juicio se mostraría contrario a la igualdad entre hombre y mujeres, aunque todavía hay muchos que dan poca importancia al cambio colosal que se produjo en el siglo XX en la relación entre hombres y mujeres (y que todavía está pendiente en el mundo musulmán). Perkins Gilman escribió una novela utópica llamada Dellas (Herland). Es curioso, porque mi madre, que creo que no conoce a Perkins Gilman, hace muchos años se propuso escribir una novela o un guión cinematográfico acerca de una sociedad utópica en la que sólo existían mujeres: los hombres se habían extinguido por alguna razón y las mujeres se reproducían por partenogénesis, es decir, sin participación del varón. Hoy en día eso ya no es una teoría utópica, sino que es posible que a partir de un óvulo pueda nacer un ser humano, sin necesidad de semen. No estoy seguro de que se haya conseguido hacer lo mismo sólo con semen, creo que no.

Las mujeres de Dellas o Herland, como sucedía en la utopía de mi madre, se reproducen por partenogénesis. No hay hombres allí desde que fueron exterminados 2000 años antes (no por las mujeres, sino a causa de una guerra). Es una sociedad aislada y protegida del mundo, que recuerda un poco el Erewhon de Samuel Butler.

Además, las mujeres tiene sólo hijas por alguna extraña razón genética. Han prescindido de casi todos los animales domésticos, como los perros, ya que atacan a las niñas, pero tienen gatos (tanto hembras como machos), a los que han educado para que no cacen a los pájaros. Además, practican un cierto control de la población debido a la escasez de alimento y han desarrollado una agricultura intensiva y repoblado los bosques con sólo árboles frutales.

Las mujeres de Dellas son vegetarianas, practican la incineración, no creen en divinidades castigadoras patriarcales, sino en una difusa Diosa madre, e insisten más en la educación que en la genética, una educación flexible y tolerante, fundada sobre todo en juegos y diversiones y no en el esfuerzo o el castigo.

Existe en Dellas una cierta organización social, pero no parece demasiado rígida: hay unas guardianas, robustas y que han pasado ya de los cuarenta, están también las niñas, que son, no literalmente pero si psicológicamente, hijas de todas las habitantes de Dellas (“cada niña tiene dos millones de madres”) y están las jóvenes. Estudian durante  toda la vida y no una sola cosa, sino todo tipo de cuestiones, evitando la especialización.

Yo comparto o siento simpatía hacia casi con todas estas características, así que parece una buena sociedad utópica, incluso para alguien como yo, que soy contrario a las utopías. Dellas es una de las pocas utopías que no se mantiene con el recurso a la fuerza o la violencia, característica casi obligada en todas las sociedades utópicas, no sólo las del mundo real, sino incluso las de la ficción, como la Utopía de Tomas Moro o la República de Platón.

Un aspecto curioso de Dellas es que allí no existe el sexo, la atracción y el acto sexual. Perkins Gilman lo dice explícitamente y también deja claro que las habitantes de Dellas no son lesbianas.

Tampoco existen sentimientos como los celos y es curioso que en un momento de la obra se diga que a las mujeres de Dellas no les interesan las historias del mundo exterior (que les cuentan tres hombres que llegan allí), esas historias en las que los celos son el argumento principal. A mí me sucedió lo mismo cuando vi hace poco la película Closer: no entendía el absurdo comportamiento de los personajes (motivado por los celos), por lo que me resultaba muy difícil identificarme o preocuparme por sus problemas. Es algo semejante a lo que sucede al leer las obras de Calderón que tienen que ver con el concepto del honor, que hoy a todo el mundo le parece tan absolutamente ridículo como a mí me lo parecen las historias que se basan únicamente en la idea de los celos y que presentan las infidelidades como si fuesen algo tremendo, o como si la fidelidad tuviera que ver con el amor.

En Dellas hay amor, pero no hay sexo y tampoco celos. Perkins Gilman sugiere que el sentimiento de los celos tiene mucha relación con el sexo, pero ninguna con el amor, lo que es hasta cierto punto razonable. Pero quizá los celos tampoco tengan que ver con el sexo, sino con el sentido de posesión, que es un rasgo muy masculino, pero que también comparten bastantes mujeres. Otro día hablaré de la interesantísima y lúcida distinción que hace Perkins Gilman entre lo femenino, lo masculino y lo humano.

La ausencia de sexo es, en mi opinión, casi el único rasgo negativo de Dellas, pero tal vez sea ese un prejuicio del que yo no he sabido librarme, y que por el momento no siento ninguna necesidad de abandonar, pues en el sexo sólo veo placer y maravilla.

Perkins Gillman en un mitín feminista

En el estupendo prólogo a Dellas escrito por Elizabeth Rusell, se añaden algunos defectos más de la obra, como cierto racismo, común en la época. Es cierto, pero ese racismo se muestra muy atenuado en comparación con otras opiniones vergonzosas de autores de la misma época, porque en general las feministas también eran antiesclavistas. En cuanto a opiniones cercanas a las teorías eugenésicas o de la lucha por la vida en el sentido de Spencer o de Galton, yo no lo he visto tan claro en la novela: aunque es cierto que se habla de “supermadres” (a semejanza de los superhombres nietzchianos), también hay una pasaje en el que se dice de manera explícita que  sin duda es más importante la educación que la genética.

En cualquier caso, se trata de una novela de ciencia ficción o utópica, no de un ensayo propiamente dicho, que plantea una situación insólita, por lo que tampoco se puede atribuir a la autora todas las opiniones o situaciones en las que se encuentran sus personajes, supongo.


[Publi­cado el 2 de febrero de 2005  Monadolog]

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Gao Xingjian en la Alianza Francesa

Ayer, 27 de febrero de 2007, asistí en la Alianza Francesa de Madrid a una conferencia de Gao Xinjiang. Con él estaba el dramaturgo y director José Sanchís Sinesterra.

Una de los aspectos curiosos al comienzo de la charla es que Gao Xinjiang vivió durante la dictadura de Mao Ze Dong, mientras que en la misma época Sanchis Sinesterra vivía bajo la dictadura franquista. Para los dos, el teatro y la literatura, en especial cuando procedía de Francia, era una manera de mirar más allá de los sistemas ideológicos represores en los que vivían. Sin embargo, había también algunas diferencias, debidas al distinto signo de cada régimen. Así, por ejemplo, Bertolt Bretch representaba en España un estímulo contra las ideas franquistas y a favor de la libertad, mientras que en China era uno de los escritores alabados por el régimen. Del mismo modo, el método teatral de Stanislavsky fue seguido aquí para hacer un teatro alternativo, mientras que en China coincidía de nuevo con las ideas del régimen y era impuesto desde el poder.

Gao Xinjiang

Gao Xinjiang recibió el premio Nobel en 2000. Sus obras están prohibidas en China, vive en Francia y habla un excelente francés, ya desde la época maoísta, cuando traducía los escritos doctrinales del Partido Comunista, como él mismo contó.

Gao Xinjiang es un gran novelista (es su única faceta que conozco hasta el momento) pero también un músico, autor y director de teatro. Rechaza lo que él llamó “dictadura” y Sanchís Sinisterra “imperialismo” del Director de escena, figura que se ha apoderado del teatro, dándose a sí mismo (y dándosela el público) una importancia desmesurada, que antes pertenecía al autor y a los actores. No queda sitio para nadie ante los montajes del director de escena; “el director se ha vuelto obeso”, decía Sinisterra citando a alguien que no recuerdo. Se hipertrofia la puesta en escena en detrimento de la dramaturgia y la actuación.

Xinjiang tampoco se siente cómodo en la dicotomía entre actores que se convierten en el personaje buceando en su propia vida para encontrar emociones (método de Stanislavsky) ni ante el actor que, siguiendo la escuela brechtiana, se distancia del texto y muestra al espectador esta distancia. Cree que hay lugar para un tercer tipo de actor, el actor “neutro”. Sanchis Sinisterra prefirió hablar de un actor lavado o limpiado, vaciado, para así poder dejar entrar al personaje. Eso me recuerda aquella anécdota zen del estudioso occidental que visita a un maestro zen e intenta dar sentido y coherencia intelectual o metafísica a sus ideas. El maestro le sirve entonces un té, pero sigue echando té en la taza a pesar de que ya se desborda sobre la mesa. El estudioso le dice que pare, porque la taza ya está llena, y el maestro le responde algo así como: “Del mismo modo que en una taza llena ya no cabe más té, en su cabeza tampoco caben otras ideas si antes no se libra de todas esas preconcepciones o prejuicios de que rebosa”.

SAnchís Sinisterra

José Sanchís Sinisterra

Insistieron en que el acto fundamental del actor es la escucha, escuchar y reaccionar, no sólo, dijo Xinjiang a lo que sucede sobre el escenario, sino también a lo que sucede en el teatro, pues en un teatro no se puede olvidar el público (si no, dijo, se trataría simplemente de cine). Citaron a Declan Donnellan como un buen director de escena, que deja hablar al texto y también a los actores. Tengo que decir que he visto sólo un montaje de Donnellan, el Cimbelino de Shakespeare y que me pareció extraordinario. Si todo el teatro fuese así, volvería a ser un asiduo. Precisamente, Sinisterra, si no recuerdo mal, dijo que lo que Donnellan decía es que el actor debe no buscar en sí mismo o distanciarse, sino apuntar a una diana, una diana que le provoca, claro está.

Ante la pregunta de un espectador italiano, Xianjiang estuvo de acuerdo en que los experimentos de Dario Fo y de otros directores y dramaturgos con los métodos de la Comedia del arte van precisamente en la línea de ese actor neutro que él busca: simplemente basta con darse cuenta de que los actores llevan máscaras y, por tanto, no muestran sus expresiones faciales: son el personaje. El otro montaje que recuerdo con mucho gusto últimamente era también uno de Strelli y la Comedia del arte. De nuevo, a riesgo de repetir tópicos (no siempre los tópicos son malos) hay que recordar que “persona” quiere decir lo que suena a través de la máscara. La máscara es el personaje (no sólo en el teatro); detrás de ese personaje hay una persona, pero esa persona debe hablar a través de la máscara, del personaje.

También recordó Sinisterra que gracias a Becket, al que también elogió Xinjiang como creador del teatro moderno, se libró de muchas de las ideas del supuesto teatro revolucionario, opinando que el verdadero revolucionario del siglo XX fue Becket. Y los dos coincidieron en la gran pasión hacia Kafka, punto intermedio en el camino a Becket y el teatro del absurdo.

También dijo en un momento dado Sinisterra que ha costado librarse, y quizá todavía no se ha conseguido del exceso que se produjo en los años 60 del siglo pasado, cuando se consideraba que todo discurso era mentira y que la única verdad era el cuerpo (“y alegremente se despelotaban todos”). Ahora ya sabemos, o volvemos  a saber, que el cuerpo miente tanto como la palabra.

Cuando pidieron a Gao Xinjiang que definiera qué tenía su teatro de no becketiano y que aportaba en sí, Xinjiang deshizo la confusión y explicó que aunque él admire a Becket y haya aprendido mucho de él, su teatro es muy diferente. Le costó encontrar alguna definición, que prefirió dejar en manos de sus espectadores o críticos, y tan sólo se refirió a un rasgo para él fundamental, su teatro quiere mostrar el gusto de interpretar y da mucha importancia a los actores.

Sinisterra también contó que Stanislavsky en su última época se mostró distante del método que se le ha atribuido y que en una ocasión dijo a una actor o una actriz que dejase de buscar dentro de sí mismo porque “no encontraría nada”, al menos nada relacionado con el personaje.

Un asistente a la conferencia se mostró sorprendido, creo que gratamente sorprendido, por esta observación que, como dijo Sinisterra, podría llevar a muchos adeptos del método a “hacerse el harakiri”. Lo cierto es que yo ya había oído algo de esto (aunque Ana Aranda, que estaba conmigo, al principio lo puso en duda con humor), tanto por la lectura de la biografía de Elia Kazan, como por un libro recientemente publicado en español de Bogdanovich en el que habla de personas de Hollywood y del teatro a los que conoció (¿a quién no ha conocido Bogdanovich?). Uno de ellos es Stella Adler, la única americana que recibió lecciones del propio Stanislavsky y que con Strasberg dirigió el Actor Studio. Precisamente, la ruptura entre Strasberg y Adler se produjo porque ella no creía que fuese tan importante  hurgar en las propias emociones para entender las del personaje. Dice Bogdanovich:

“El método de enseñanza de Stella contrastaba directamente con el de Lee Strasberg (en su libro, Brando critica intensamente el modelo de Strasberg), que buscaba reflejar una “realidad del escenario” partiendo de la memoria del actor (especialmente recuerdos cuya sola evocación pudieran generar las emociones necesarias). Para los actores que se centran exclusivamente en esta técnica (que Stanislavsky no aprobaba en modo alguno), Strasberg se convirtió en una referencia.”

Por el contrario:

“Adler insistía más bien en que el actor utilizara la imaginación, se concentrase en la situación y las circunstancias del personaje específico. Según lo veía ella, gran parte del papel venía dictado por el propio texto y el estilo particular del autor, más que por el historial emocional del actor.”

Stella Adler

A pesar de que todos coinciden en que no sólo era una gran profesora, sino también una magnífica actriz, Stella Adler sólo intervino en tres películas de Hollywood.

Pero no es este lugar para hablar de esta interesante actriz y directora de actores que fue Stella Adler.

Volviendo a Gao Xinjiang, su presencia en España se debe a que también en el Instituto Francés y la Alianza Francesa se va a representar una de sus obras, Al borde de la vida. Una buena oportunidad para conocer la faceta teatral de Xinjiang.


[Publicado en 2007 en Cambiante]


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