Penúltima aproximación al karma

Llegamos, finalmente, al motivo que me ha llevado a escribir este ensayo (o intento, si se prefiere). Aquí comienza la última aproximación al karma.

Tras la larguísima introducción, todo lo que se diga aquí va a saber a poco, y más teniendo en cuenta que casi he olvidado qué era lo que quería decir. Voy a intentar recordarlo.

Mi intención era mostrar que la noción de karma no sólo es interesante desde un punto de vista folklórico-metafísico-místico, sino que, además, se refiere a algo que tiene una utilidad práctica, pues explica de alguna manera los procesos psicológicos de cualquier persona, y quizá ayuda a ser mejor persona, desde el momento mismo en que uno se reconoce enfermo y busca un remedio a su enfermedad.

Lo que sostengo, en definitiva, es que la acumulación kármica existe y que todos nosotros estamos sometidos a ella.

Brevemente: nuestras acciones mentales tienen efectos no sólo físicos, sino también puramente mentales. Y estos efectos pueden ser muy perniciosos.

La afirmación anterior puede parecer un poco aventurada y cercana a tendencias místicas o espiritualistas, pero, como dije en la introducción, no estoy afirmando o negando que puedan existir procesos mentales sin que existan procesos físicos.

El asunto no me interesa en este momento, y lo que voy a decir a partir de ahora puede ser aceptado incluso por el materialista más estricto, siempre y cuando no se deje cegar por sus prejuicios. Para disipar cualquier prevención, sin embargo, pido al lector que se olvide de la idea de la reencarnación y que se quede únicamente con la de un karma que se acumula tan solo a lo largo de una vida.

Cualquier persona, incluso los que no son materialistas, puede aceptar que el funcionamiento de nuestro cuerpo depende del uso que hagamos de él a lo largo de nuestra vida. Si lo único que hacemos es andar, al cabo de treinta años, nuestro cuerpo se resentirá si un día, de repente, decidimos correr, bailar, saltar o nadar. Cuando un ciclista termina una etapa de doscientos kilómetros, le cuesta andar y le resulta casi imposible bajar escaleras, porque los músculos de sus piernas han estado realizando un movimiento muy específico durante las últimas horas y, para bajar escaleras, necesita emplear los músculos de otra manera (incluso necesita usar otros músculos). Los atletas de élite suelen padecer enfermedades óseas y musculares a edad muy prematura, debido a que realizan demasiadas veces un mismo movimiento, castigando en exceso la zona de flexión. Una dolencia de este tipo es el célebre codo de tenista.

Todo esto es bastante evidente. La conclusión a este planteamiento también lo es: realizar acciones repetitivas no suele ser beneficioso, por lo que no es aconsejable tener excesivos hábitos físicos. No conviene insistir una y otra vez en un mismo movimiento.

Ahora bien, los hábitos físicos pueden ser modificados: los diestros, por ejemplo, no pueden usar la mano izquierda para escribir, pero logran hacerlo tras una práctica continuada, si se ven en obligados a ello, por ejemplo, si pierden la mano derecha, o si, como me sucedió en una ocasión, se rompen el brazo derecho: como tenía que tomar notas, primero inventé un lenguaje de puntos y rayas para escribir con la mano izquierda, pero finalmente comprendí que era mejor aprender a escribir con la mano izquierda, aunque fuera de manera torpe. Fue difícil los primeros días, pero finalmente logré escribir con una letra que, al menos entendía yo.

Continua en El peligro de los hábitos


ACERCA DEL KARMA

El origen de Acerca del karma

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Acciones físicas y acciones mentales

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Las acciones y sus efectos

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Efectos mentales de las acciones físicas

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Un universo sin conciencia

Primera aproximación kármica


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Segunda aproximación kármika


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La deuda moral o metafísica

Tercera aproximación kármica


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